domingo, 31 de agosto de 2008

Pronóstico laboral : vientos y chubascos

Bueno, mi situación laboral se ha metamorfoseado en la última semana. Después de pensarlo mucho, MUCHO, renuncié a mi trabajo por internet. Hoy fue mi último día y me fui sin dar un portazo, con la esperanza de poder reconsiderarlo cuando estemos de vuelta allá.

También después de mandar mi curriculum con más entusiasmo que un vendedor de viagra o relojes calertier, obtuve un trabajo zafral de 3 semanas como cajera en la librería de la universidad y una pasantía no remunerada en la biblioteca de ciencias exactas. Mi zafra empezó el miércoles 20 de agosto y termina el 9 de setiembre. La pasantía empieza el 10.

Empecé a buscar trabajo más o menos cuando se me fue de encima el invierno y el cansancio mortal de los últimos meses allá. Fue en mayo, y surgieron algunas buenas oportunidades que decliné por no estar cerca del CP 55414 (una estaba a 18 km, otra a 20, y otra a 1500). A partir de julio, con el permiso de trabajo y el número de seguro social en la mano continué la búsqueda con más agresividad, pero con resultados poco prometedores. En la red de bibliotecas públicas no están interesados (ni en contratar ni en recibir pasantes), a las mil universidades y colleges no les conviene tener a alguien que se va en menos de un año, y las cafeterías de la zona ya tienen quién sirva el café. También tuve una oportunidad para enseñar español, pero la impostura no es lo mío: siempre critiqué a mis profesores fantasmagóricos, los que apenas sabían su materia pero no tenían idea de pedagogía, y no me voy a transformar en uno de ellos.

Yo, por mi parte, tengo un requisito: no quiero trabajar de noche ni los fines de semana (bueno, con el sábado hasta mediodía transo). Hasta ahora parece una excentricidad, un desubique: la verdad es que esto si que no lo había previsto.

En el marco de mi búsqueda de trabajo, hace unas semanas fui a una feria de empleadores de lo más bizarra, con un tipo disfrazado de ardilla gigante y un stand de cata de cervezas locales. Había un catering y refrescos gratuitos pero yo no los toqué, lo único que me faltaba era mancharme la camisa con grasa (acá todo tiene grasa), o que me diera hipo con la efervescencia y no pudiera hablar con normalidad. Debía tener cara de desesperada, porque dos personas se ofrecieron a ayudarme en mi búsqueda; fueron muy corteses pero no volví a saber de ellos. Lo más positivo que obtuve de ese evento fue un vale por 25% de descuento en una librería: para desquitarme el fastidio de haberme emperejilado para semejante corso fui a la librería en cuestión y compré lo que se me dio la gana. Leí la letra chica del bono y comprobé que las mesas de descuento no estaban excluidas de la promoción, así que fui y me compré unos cuantos ejemplares de ésos. Después fui en actitud belicosa a pagárselos al cajero, que no entendía cómo alguien podía tener 2 descuentos a la vez. Já.

En dos días empieza el semestre y ya elegí unos cuantos cursos a los que me gustaría ir de oyente. Dependerá de si me aceptan como oyente y si los horarios me quedan bien, lo que finalmente elija. Y si esto no prospera, seguiré devorándome la sección de clásicos de la literatura inglesa (desde que llegué me leí todo Jane Austen, Oscar Wilde, HH Munro, Louisa May Alcott, Mark Twain y un par de best sellers impresentables que prefiero no revelar aquí). También estoy mirando muchas películas, pero esto no cuenta: es un hábito de los últimos 15 años que ya es parte de mí.

Ni frío ni caliente, ni alto ni bajo, ni blanco ni negro, ni bueno ni malo. Y bastante parecido a las demás historias de cónyuges de J1 y F1 (académicos y estudiantes internacionales). Para quien vivió la experiencia, el relato puede tener más sentido. Para quien esto es extraño (yo misma hasta hace unos meses), esto puede parecer el más completo absurdo.

jueves, 14 de agosto de 2008

Una de Batman

Vimos la última película de Batman, The Dark Knight, y nos gustó mucho. Como la anterior (Batman Begins) esta una película que indaga el trasfondo psicológico y ético del héroe de Ciudad Gótica, a mi entender (y el de bastante gente más) con mucha elegancia y aptitud cinematográfica. Christopher Nolan, el director, seguro nació sabiendo, porque todas sus películas son impecables. Fuimos a una sala con tecnología IMAX: una pantalla descomunal de grande y un sonido increíble. Las icónicas onomatopeyas BOOM, KAPOW, AAUCH de la serie protagonizada por Adam West acá eran redundantes. Con cada piña, daba la sensación que Batman quebraba un par de huesos. ¡Crac! Espeluznante.

Pero no los voy a aburrir con mi opinión sobre la película, que pueden ver ustedes mismos. En lugar de eso, voy a contarles una anécdota que tiene mucho que ver con Batman y conmigo, y por qué estoy aquí.

Cuando Fefo estaba en el Bachillerato del Seminario dibujó una adaptación de Batman y Robin con caracterizaciones de sus profesores. Héroes, villanos y la propia Ciudad Gótica estaban al alcance de la mano, dentro de las manzana de las calles Soriano, Canelones, Martínez Trueba y Barrios Amorín. Y todos los personajes estaban asociados al Bachillerato Científico menos uno, de Humanístico.



Este profesor, que adoptaba el papel de Alfred el mayordomo, era mi padre. Alfred (Pennyworth) Demassi.

Como mi marido es un inglés sin pasaporte, no se podía esperar que me hablara sin que antes fuéramos apropiadamente presentados (properly introduced into each other acquaintance's, para decirlo en un inglés que pondría a Jane Austen orgullosa). Pero como nunca nos presentaron, la primera vez que hablamos fue en referencia a Coquiman y Roliver.



Creo que Coquiman y Roliver marcó el final de una promisoria carrera artística. Pasado el tiempo, hay lugar para conjeturas de tipo supersticioso. Si Fefo hubiera hecho otra historia de este estilo, ¿habría incluido algún futuro suegro? También me pregunto si en la historia hubiera incluido a mi madre, ¿sería heroína o villana? Yo voto por villana, ¿y ustedes qué opinan?

martes, 5 de agosto de 2008

Todo empieza con un pequeño giro en sentido horario

Ahora que hace tiempo que tenemos auto decidí que es hora de aprender a manejar. Minnesota tiene los conductores más tranquilos de Estados Unidos y una tasa muy baja de accidentes, lo que apenas solaza mi pánico: la magia se termina en las autopistas, que son tierra de nadie, y la ciudad está atravesada por varias de ellas.

No se alegren por mí, tengo varias razones para no querer aprender a manejar y ninguna de ellas promete desvanecerse a la brevedad; más bien el invierno promete traer algunas nuevas. Pero como ya dije en este blog, la vida es un viaje y no me quedo atrás.

Acá primero hay que dar un examen teórico y recién a los 3 meses se puede dar el práctico, durante los cuales uno tiene un permiso provisorio que habilita a manejar un vehículo (si y solo si acompañado de otra persona que haya pasado el examen práctico en Minnesota). Para dar el examen teórico es imprescindible tener número de seguro social, y para tener ese número, hay que tener permiso de trabajo antes. El permiso lo pedí en febrero y me llegó en junio, y el SS lo pedí también en junio porque es gratis nomás, y llegó en julio. Así que no se crean que es que estuve al pedo, es que no podía darlo antes.

Yo dí mi examen teórico el viernes pasado y salvé, tengo unos papeluchos la promesa de recibir la tarjeta con mi foto en el correo en dos semanas. Mi práctica de manejo, hasta ahora, consistió en sentarme atrás del volante y encender el motor. No tuvo emoción, yo ya sabía que se hacía girando la llave en sentido horario.

¿Quieren saber si ustedes podrían manejar en Minnesota? Acá tienen un sitio web en inglés con simulaciones del examen: http://www.quia.com/de/mnmain.html. Suerte en pila. No se olviden que acá se puede doblar a la derecha en un semáforo en rojo, y que los ómnibus escolares son sagrados. (Ojalá también lo fueran en Montevideo).

Cuando uno va a dar el examen práctico tiene que llevar su propio vehículo, y el examen empieza con uno mostrando que el auto está asegurado. Es interesante señalar que uno no puede asegurar su auto si no tiene el permiso de manejar de Minnesota así que es imposible dar el examen en el vehículo propio. La gallina y el huevo, versión local. Pero bueno. Nacho dará el lunes el examen en nuestro auto; Fefo lo dio en el de Juan; y Juan, creo, en el de Alfonso. Yo, supongo, también lo daré en el Honda Accord en el que transitamos habitualmente, pero me gustan las sorpresas y estoy pensando en pedirle a Nacho y Pati el de ellos, un Toyota Camry que compraron hace dos semanas. Para molestar nomás.