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jueves, 14 de mayo de 2009

La cherry de la cake

Después de visitar los monumentos y pasar un buen rato al aire libre tostándonos la nariz, llegamos a la Biblioteca del Congreso, (Library of Congress, LoC.gov para los amigos). Son tres edificios pero sólo el más antiguo, nombrado en honor a Jefferson, está abierto para las visitas turísticas - y no completamente. No importa, lo que hay para ver es bastante grande: tres pisos con un microcine pasando un documental sobre la biblioteca, varios salones con objetivos diversos, exposiciones y un mirador para la sala de lectura.



La LoC me pareció, por lejos, el edificio utilizado para su propósito original más lindo de todos los que he visitado en mi ya no tan corta existencia (ojo que estoy dejando afuera a Versalles porque fue construido como hogar, no museo). La impresión que me dio fue que dieron una cantidad determinada de dinero (una barbaridad, pero no ilimitada), unos lineamientos genéricos, y que saliera lo que saliera.



Y lo que salió es sorprendentemente colorido, muy artístico, precioso creo yo, y si me lo preguntan, también muy ingenuo. Se nota (para mí al menos, que la visito 150 años después que la construyeron), que los artistas tenían unas ideas medio raras de lo que era importante resaltar en el hall de una biblioteca, y bueno... hoy en día no creo que quepa en la mente de los legisladores revisar los nombres de las editoriales decimonónicas más importantes, ni tampoco pasar lista a los oficios importantes a la hora de ir a sacar un libro para informarse sobre una decisión...


Dentro de toda esa libertad (mitad anarquía mitad inocencia), me pareció un edificio hermosísimo.

Impresionantes la Biblia de Gutemberg y la Biblia de Mainz... ambas compradas a precio de ganga a coleccionistas europeos durante la Segunda Guerra Mundial, me hizo cuestionarme una vez más si despojar a países ajenos de sus tesoros culturales para garantizar su preservación vale la pena o no.

También muy interesante la celebración del Bicentenario de Lincoln. Yo no tenía idea de que Lincoln, totalmente en la misma línea de Obama, sabía usar las formas no presenciales de comunicación y se sacó miles de fotos y retratos. Estaba prohibido sacar fotos, pero acá está la página oficial de la exhibición.

Como todo en Washington está diseñado para atraer mucho turismo, especialmente (exclusivamente) interno. Para que uno sienta el orgullo de la ciudadanía, para que uno vea en qué se gasta el dinero de los impuestos.

Me dio mucho que pensar.

Con menos pompa y ceremonia, me gustaría que en Uruguay también nos pongamos orgullosos de nuestra Biblioteca Nacional en vez de someterla a interminables vejaciones: eterna falta de presupuesto, directores ineptos (con honrosa excepción), falta de aprecio, expectativas no realistas por parte de la población (a ver, ¿cuántos de ustedes saben qué es lo que hace a la Biblioteca Nacional que sea nacional?), y ese abandono sin fin de capas y capas de avisos pegoteados en las paredes y meo de bichicomes abajo de las columnas.

Fue como un cadenazo en los dientes darme cuenta que esta gente no sólo gasta una enormidad de dinero en su biblioteca nacional, también la adoran y jamás permitirían una pegatina. Jamás se les ocurriría anunciar algo pegándolo en una pared, jamás irían a un evento anunciado con adhesivo en su venerable pared. La respetan, la idolatran, y ella está a la altura de las circunstancias; los tours son magníficos, pero el sitio web es fenomenal. Sirve para todo, sirve para todos. Suspiro, y no saben cómo.

Para recuperarse del bajón, les dejo estos links:

colecciones fotográficas de la LoC http://www.flickr.com/photos/library_of_congress/

nuestras fotos http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/LibraryOfCongressWashingtonDC#

jueves, 16 de abril de 2009

New York Public Library

Durante los 25 meses que trabajé online tuve la oportunidad de conocer a fondo el sitio web de la biblioteca pública de Nueva York. Y ahora que estamos acá, la visitamos personalmente.

El edificio de la biblioteca está en uno de los puntos neurálgicos de Manhattan, en el medio de todo. Como me esta pasando una y otra vez desde que llegamos, no me parecio tan grande como me lo esperaba. Es que, a diferencia de la Biblioteca Nacional uruguaya, esta biblioteca tiene muchísimas sucursales (detesto el término pero es que ellos usan), así que en vez de apretujar y pergeñar ampliaciones adefésicas, los tipos derivan colecciones para otros edificios y mantienen, con natural elegancia el edificio principal abierto para visitantes.

El edificio es majestuoso y está en perfecto estado de conservación. Está limpio, esta bien mantenido, no tiene goteras ni manchas ni carteles pegados con cinta adhesiva, ni sillas de orígenes diversos. No. Estilísticamente está unificado, y los detalles modernos estan disimulados o están en lugares secundarios, sin interrumpir la esencia clásica del recinto.



Creo que es la primera vez que entro a una biblioteca de esas dimensiones y recibo esa impresión de dignidad y pulcritud, y también, amabilidad. No sé, aunque sea mi profesión, a veces las bibliotecas me parecen un poco hostiles... no fue el caso, realmente. Aunque tampoco la usamos, así que no podemos hablar con total propiedad.

No sé nada de arquitectura y es poco lo que puedo describir de la biblioteca desde esa perspectiva. No hicimos el tour sino que fuimos por nuestro propio lado, siguiendo el mapa y deteniéndonos en los detalles que nos llamaban la atención a nosotros y no al guía. Pero hubo un detalle que me impresionó tanto que es lo que me lleva a escribir este post.

La biblioteca fue construida a principios del siglo XX y tiene un estilo neoclásico. Muchos detalles son de marquetería fina, y el mobiliario que usan los bibliotecarios y el público tambien son clásicos. Sillas, escritorios, mostradores y los sacrosantos catálogos de cajoncitos. No sé si todo es auténtico o respetuosa imitación, pero sí puedo afirmar que las sillas no crujen ni estan desvencijadas y que, con las lámparas de vidrios y las de cobre, las ventanas pequeñas, los pisos de monolítico como un salchichón y muy especialmente el verde agua de las paredes de los corredores, me transportaron al apartamento donde vivía la viuda de mi bisabuelo Justino Zavala Muniz, en Duvimioso Terra y Colonia.

Lo mas extraño de la visita fue esperar sentir el olor, creo que mezcla de Chanel 5 y naftalina que emergia de los roperos de Maria Julia cuando con mi hermana, furtivamente, los abriamos para acariciar las mangas de los abrigos y cerrarlos inmediatamente. O imaginarme que si uno abre una ventanita en el baño, el viento brutal de la salida del túnel de 8 de Octubre es capaz de llevarse un avión de papel hacia arriba en vez de hacia abajo. Hasta el ruido de los zapatos sobre el parquet, ese ruido tan incomparable, y una exposición sobre las relaciones entre Francia y Alemania entre 1918 y 1940, con gente lookeada como en las fotos de mi bisabuelo y su esposa, cimentaron esa familiaridad tan peculiar.



Para asegurarme que ese inesperado sentimiento no era una alucinación sino que podía afirmar, que, fehacientemente existe un (tenue, tenuísimo) lazo familiar entre la NYPL y yo me acerqué al catálogo y busqué a todos mis familiares que hubieran publicado un libro. Encontre a dos Zavala, un Demasi y un Lucchini. Y me fui contenta.

Fotos de la visita, aquí: http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/NewYorkPublicLibrary#

martes, 13 de mayo de 2008

Y vos, ¿de qué te reís?

La biblioteca pública de Minneapolis tiene, en su sede central, una tienda de regalos. En esa tienda venden libros, revistas y discos retirados de la colección, merchandising con el logo de la biblioteca (camisetas, tazas, etc.), y objetos de diversa naturaleza que no me atrevería a clasificar en ninguno de los grupos anteriores.

Los más extraños (para mí) son muñecos de acción literarios. Está el de Jane Austen, que trae un escritorio y una pluma, el de Edgar Allan Poe con el consabido cuervo, el de Shakespeare con una calaverita (¡constitucional!), y un largo etcétera. A mí me parecen un poco tontos porque no son para niños sino para grandes (no creo que los niños lean mucho Shakespeare), y tiene algo de bochornoso, creo yo, ponerse a jugar con la muñeca de Jane Austen en vez de leer sus libros.

Pero el que me dejó azorada fue el muñeco de acción bibliotecario. Me parece horrible, totalmente ofensivo. Mirenlo, ¿no parece un travesti?



Como si ser bibliotecario se tratara de pedir silencio. Que conste, en los 9 años que trabajo en bibliotecas nunca, NUNCA, pedí silencio. No entiendo cómo los bibliotecarios de Minneapolis no han prendido fuego esa tienda de regalos. Traidores.