Ante la inminencia de mi cumpleaños, hace más o menos un mes empecé a pensar si quería hacer algún festejo o no. Me consta que la iniciativa y la organización tienen que partir de uno porque sinó no se llega a nada, y cuando se disipó la idea de ir a Nueva York en esta fecha, empezó a tomar cuerpo la idea de hacer algo así como una fiesta. Boato, parranda o jolgorio, como prefieran llamarlo.
Vagabundeando por los pasillos de la biblioteca barrial encontré un libro "Organice su propia fiesta" (The Last Minute Party Girl es el título en portada), y leyéndolo me empezó a parecer cada vez más factible y menos imposible organizar algo.
Como el vecino de abajo es un rompecocos y acá se toman muy en serio algunas regulaciones, me imaginé que hacerlo de noche era complicado, y no quería que a las 10.01 pm estuvieran los cops golpéandome la puerta y multándome por ruidos molestos, así que decidí hacerlo al mediodía. Después empecé a armar la lista y ví que acá, en casa, no iba a caber la gente que quería invitar y por eso le pedí a Patricia si me gestionaba el salón de su cooperativa de viviendas. Para el mediodía, obvio.
Después empecé a pensar en el menú... ¿qué podía ser sencillo, fácil de transportar, que no me llevara a la bancarrota inmediata? Ahí me acordé del cumpleaños de 30 de Alvaro, que sirvió panes de pita con un relleno espectacular. Como mis capacidades culinarias y logísticas son mucho más limitadas hice una versión más simple con las ollas e instrumentos que tengo a mano, pero me aferré al concepto original de los panes de pita. También pensé en servir una torta típica, y ¿qué más típico que una torta del libro del Crandon? Con un dulce de leche amorralado en un armario y una decoración sobria (aburrida), como corresponde a una orientala de la planta.
La lista de invitados fue de mi exclusiva confección. Invité a algunos españoles del equipo de fútbol de Fefo - Albert con su novia Eliza, Fernando, Alfonso y Jonathan con su esposa Belén; a Mercedes - mi amiga del Bookstores con Scott, su novio; a Jon - mi supervisor de la biblioteca, a Carla - una argentina simpatiquísima que está en el Departamento de Español con Andrés, su esposo; a Stacey - investigadora invitada en el Lab; a Iman - nuestro iraní preferido; a Lorena - hermana de un uruguayo que estuvo por acá y se fue hace un par de semanas; a Guillermo y su familia; a Joaquín - a quien cuido mientras lo convenzo de que es él quien me cuida, a mis amigos uruguayos contertulios de días largos y noches frías: Ana, Juan, Patricia, Nacho, Pablo y Gonzalo.
El menú consistió en una olla con carne picada saltada en cebolla, con zanahoria en láminas y una lata de garbanzos y tocino en salsa de tomate con miel (ejem, no leí bien la lata cuando la compré); una segunda olla con pollo en cubitos con una lata de sopa de champignones y una cucharada de estragón; la tercera contenia ratatouille de berenjena, pepinos, zanahorias y cebollas, y también una ollita de arroz hecha en el acto. El salón tiene horno microondas y mi asistente Fefo se encargó de calentar por porciones y poner en la mesa junto con cubiertos para servirse, mientras yo me preocupé de darle charla a todo el mundo y ver que nadie se me quedara aislado.
No tengo muy claro si mis invitados tenían orientacines culinarias marcadas, pero por las dudas había suficiente material vegetariano como para alimentar, sino un paladar exigente al menos un estómago impaciente. Las bebidas también eran variadas: además de la siempre ubicua coca-cola y coca diet, había vino, birras de todos colores y agua (Fefo insistió en que los invitados trajeran cerveza... que por supuesto sobró, pero ¿quién se está quejando?).
Por motus propius Alfonso y Fernando trajeron un cheesecake, y Carla y Andrés trajeron aceitunas. La comida voló, toda menos los panes de pita... creo que al poner platos de cartón no quedaba la intención tan clara, o mejor, bueno, cada uno interpretó como quiso y ¿para qué llenarse con pan cuando hay otras cosas más sustanciosas? Después de retirar los restos exangües del almuerzo servimos la torta de chocolate, el cheesecake y ensalada de fruta y helado. Insistiendo en el ambiente fomentando la motricidad fina y la coordinación, también el postre cada quién se sirvió lo que se le dió la gana. Mis invitados locales me informaron que nunca antes habían comido helado y ensalada de fruta JUNTOS, ya que acá la tradición indica que el helado se come sólo o con torta caliente. Todos los días se aprende algo, ¿eh?
A las 3 de la tarde hora local, la selección urugaya enfrentó a la paraguaya; a las 4 era la española la que enfrentaba a Turquía, y a las 5 eran los argentinos los que tenían cita para las eliminatorias. Así que bueno, a las 3 se me borraron los compatriotas, a las 3.50 los españoles esgrimieron otros compromisos y los argentinos también se retiraron en ese momento.
Fotos de la jornada en
http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/Julia30#Como quizás ya saben, las tres selecciones hicieron un muy buen papel. Como el fútbol me importa más bien poco, yo terminé la velada rompiendo la chancha y yéndome a ver la final regional de hockey universitario masculino en el Mariucci Arena, donde los BullDogs de la Universidad de Minnesota de Duluth perdieron honrosamente, en un partido no apto para cardíacos, frente a los RedHawks de a la Universidad de Miami en Ohio. Los dos equipos competían por primera vez el campeonato regional, y lógicamente, el ganador también por compite primera vez en el campeonato nacional (llamado Frozen Four) el mes que viene en Washington.
Oh yeah!