viernes, 27 de febrero de 2009

Mesa de saldos

Este post lo escribí en octubre, y quedó en el tintero virtual.

---

Hoy de mañana venía caminando por University Ave. hacia la Biblioteca, y cuando acababa de cruzar la 7ma, una bici que iba al lado mío por la calzada, se accidentó. Como siempre en esos casos, un simple peatón que no estaba prestando atención no puede saber que fue lo que pasó exactamente, pero creo que la bici o la ciclista se enredaron entre sí o con un auto estacionado y la chica cayó a la calle por adelante del manubrio. Inmediatamente despues un auto pisó las ruedas de la bici, pero estoy segura que ese auto no tuvo que ver con el accidente sino que no pudo reaccionar con suficiente rapidez.

Yo estaba muy cerca, asi que bajé a la calle y me acerque a la muchacha que estaba en el piso. No estaba inconsciente pero tenía sangre en la cara, y tenía cara de desorientada. Trataba de incorporarse, pero quedo sentada, hecha un ovillo, llorando en la calle. Yo le pregunté si queria llamar a alguien y ella sacó su celular, y despues me dijo que no sabía a quien llamar. Tomé su
celular y llame al 911, y hable con el telefonista, mas que nada repeté la dirección, accidente, bicicleta, mujer herida. El conductor del auto me pidió el teléfono y terminó de hablar con el 911.

Le pregunte a la chica si tenia un pañuelo para limpiarse, y por suerte tenia, asi que le dije que se lo pusiera en la cara, porque los lentes le habian lastimado el caballete de la nariz. Se sacó los
lentes, y yo se los guarde en el bolso. Despues le pregunté si podia pararse, y la ayude a sentarse en la entrada de una casa, asi salía del hormigón. El tipo que iba manejando el auto que piso la bici también estaba cerca, seguro que creyó que yo era amiga de la muchacha.

Ella trató de llamar a alguien, pero se puso a llorar y no pudo hablar. Le dije que yo terminaba la conversación y repetí lo mismo: dirección, bicicleta, accidente, mujer herida sin gravedad pero en
estado de shock. El tipo del otro lado de la linea me dijo, OK, I think I know where is that, I'll be there in 5 minutes. Una camioneta rojo oscuro paró adelante de donde estaba la bici y bajo un tipo enorme, Well, what happened here? nos dijo con voz de pocas pulgas. Yo me preguntaba quien sería hasta que ví la insignia Police en la campera, y el conductor del auto y la chica le explicaron lo que pasó. Se escuchaban sirenas de bomberos, que venian también a auxiliar, y en seguida el lugar estuvo lleno de gente.

Uno de los bomberos, con guantes de latex, le trajo una bolsa de hielo (hielo sintético y tecnológico, me imagino) y le tomo el pulso. Despues otro bombero la reviso un poco más (palpandole la nuca y preguntandole si sentía las extremidades), y el primer bombero me
preguntó si yo era amiga. Le dije que no, simple pedestrian, y al notar acento extraño me preguntó de donde era. Uruguay, in South America. Ah, yo soy originario de Madrid pero hace 30 años que vivo en Minnesota. Oh, ah. Otra bombero rubia nos miraba con esa cara que ponen los minnesotanos cuando alguien habla un idioma que ellos no entienden, sonrisa a medias,
fascinación por el mundo exterior.

La chica estaba mucho mas compuesta y le dijo a un bombero que vivía en South Minneapolis, y que su padre estaba por llegar. Le dije, bueno, ya me voy, y me agradeció haberme quedado, sacó su teléfono de nuevo y me pidió que le diera mi número. Creo que se lo di bien, pero me olvidé de pedirle su nombre.

Tampoco volví a saber de ella.

Esa mañana salí de casa hacia la biblioteca con intenciones de llegar a las 8.30 y tomarme una taza de café para ponerme a tono. Al entrar saludé a mi supervisor y le dije, mil disculpas por llegar tarde. Me miró raro y me dijo, pero si son las 8.35. Ah bueno. Todo pasó en 5 minutos o menos. Y con tanta emoción junta, ya no precisé un café para espabilar.

Una de deporte

Hace dos semanas fuimos a un partido de hockey sobre hielo. La Universidad de Minnesota contra la Universidad de Alaska, los Golden Gophers contra los Seawolves. El partido fue en el Mariucci Arena (el home ice de los Gophers), a escaso kilometro y medio de la puerta de nuestra casa (home sweet home). Fuimos caminando, y disfrutando el ambiente caldeadito de los espectadores (todas las edades, familias enteras); una marea humana con los colores de Minnesota, maroon and gold.

Es la primera vez desde que llegamos que me interesa un deporte local: la EuroCopa no cuenta, el Superbowl (football) paso por la tele y no se, vimos un rato y despues pusimos otra cosa. Fefo fue a partidos de baseball y de basketball, pero a mi no me mueven un pelo. Pero hockey sobre hielo, si, tenia muchas ganas de verlo.

Y que experiencia! Mis nociones del juego eran minimas, y fui aprendiendo sobre la marcha. Igual, aunque no hubiera entendido nada, es un deporte fascinante.




Para empezar la velocidad con la que los jugadores se mueven en la cancha, o mejor dicho, la pista es asombrosa, y lo mismo se puede decir de los arbitros; vimos a un juez saltar para no interrumpir la jugada, y que se sepa, el movimiento era elegante. Cada centimetro de la pista se usa para el juego, inclusive (especialmente) las paredes de vidrio. La pelota, pastilla en realidad, (the puck), no es facil de detectar desde las gradas la mayor parte del tiempo. El arquero (que se llama goaltender en vez de goalkeeper, pero les dicen goalies), es el unico jugador que tiene un area de movimiento restringida, y tiene tanta proteccion que es dificil creer que pueda atajar nada, menos el puck. Pero hasta yo pude ver un par de atajadas impresionantes (para mi, al menos).

Cada equipo tiene 6 jugadores en la pista y un total de 20 contando a los del banco (primera, segunda, tercera y cuarta linea segun cuanto tiempo les asignan en el hielo y cuanto llevan en el equipo). Los pueden cambiar todas las veces que quieran, sin parar el juego o anunciar el cambio, lo importante es que los jugadores entrantes y salientes no participen de la jugada en curso. Por eso hay momentos en que hay una enormidad de jugadores sobre el hielo, cerca del banquillo. Para la sorpresa del espectador acostumbrado a otros juegos, el ruido proveniente de la pista es el de los patines, los palos, el puck y los golpes de los cuerpos contra las paredes o la pista, pero no hay voces. Los tipos no gritan, 'pasamela, te lleva, a vos, movete'. Los muditos. Sera que todo pasa tan rapido que no vale la pena gastar energia en eso. Tampoco los espectadores locales se gastan dando instrucciones al pedo. Hay canticos de apoyo reminiscentes a las barras bravas, pero aca la gente no juega a ser DT.

Los arbitros confian en la tecnologia, y usan camaras para confirmar los fallos. No validaron un tanto de los Gophers, pero a instancias de no se bien que o quien despues pararon el partido, salieron de la pista a mirar la filmacion, y despues de expectantes momentos, validaron el tanto. BRAAAAM!, las gradas aullaron con fervor acumulado. Los arbitros... durante casi todo el partido hubo 3, y por momentos habia 4. Patinadores veloces, vestidos de negro y sin tanta proteccion, parecian una raza aparte sobre el hielo. Mi admiracion por ellos se multiplicaba exponencialmente al ver que los tipos ademas son unos valientes: cuando dos jugadores (o más) se iban a las manos, los separaban y los acompañaban a la caseta de detencion (el penalty box, que esta del lado opuesto al banquillo, y hay dos, una para cada equipo).

El partido tiene 3 tiempos de 20 minutos cada uno, y como este termino en empate, hubo un tiempo extra. Supongo que el juego debe ser extenuante, no solo por la exigencia fisica sino tambien la concentracion. Tambien estan buenos los cortes para que el publico pueda hacerse de un pancho (perdon, hot dog) para calentarse, porque hace un frio barbaro. Mas frio adentro que afuera, les digo. Obvio que yo no precise pancho ni nada, porque tenia mi atuendo invernal. Ja!

El deporte me parecio, como ya dije, fascinante. No me parecio particularmente violento, pero eso debe ser que no mire lo correcto o porque en este partido no corrio sangre. El jugador con la casaca 29 de Minnesota era el mas agresivo marcando con insistencia, tambien es al que vi irse a la caseta de detencion mas veces.

Aca pueden ver la galeria de fotos del Star Tribune, el diario local
www.startribune.com/sports/gophers/39624327.html

El partido termino 2 a 2, y los locales estaban contentos porque habian cortado la racha de partidos perdidos (losers!), y al dia siguiente volvieron a enfrentarse a los de Alaska y les ganaron.

viernes, 13 de febrero de 2009

La muerte del calzoncillo largo

Como bien saben los que me conocen, y aún los que no me conocen bien, odio pasar frío. Por eso tengo un amplísimo stock de ropa interior de abrigo, especialmente calzoncillos largos de procedencias y materiales diversos, pero ta. Calzoncillo largo al fin.

Y no es que no me guste usarlos. Llevo casi 30 años apechugando los inviernos con diversas encarnaciones de cebolla humana, pero acá mis tácticas no me sirven porque la calefacción me mata. Y el frío cuando es intenso, se ríe de la ropa interior larga. Ja, ja.

Así que decidí tomar medidas acordes a las circunstancias.

Campera, sí.



Guantes y gorro con tapabocas (una cruza de gorro de lana con pasamontañas de tela polar), también.



Botas de nieve, por supuesto.



Y ahora también... pantalones de nieve.


Ahora voy caminando hasta la Biblioteca o la Librería (si estoy trabajando allí) sin que me duelan las rodillas. En realidad, con este pantalón (que como ven es un enterito), no me entero de nada. Viento cruel, nieve, 25 bajo cero. Ja, ja.

Normalmente abajo porto el atuendo de mi elección y llevo la mochila con un par de zapatos, y cuando llego guardo los guantes y el gorro allí (y si está seco también el pantalón). Trato de llegar 5 minutos antes para pelarme como una banana y no perder la calma. Ni el equilibrio, porque en muchos lugares no hay donde sentarse y de dorapa exige concentración.

Doméstico en construcción, fotos

Una foto de nuestra cenefa ad hoc y su creador.



En esta foto se ve la cama y la cajonera pintados de rojo, y la ventana. La cortina blackout está totalmente enrollada y fuera de la vista.


Las almohadas con lentejuelas son regalo de Miranda Ribeiro.

Ahora vendría a tener este aspecto, porque tiene el tapiz bordado de Free Tibet.


Y además porque está nublado.

Este es el aspecto de la pared atrás de la cama:



A lo mejor los chinos prohibieron la exportación de tijeras al Tibet, y cortan con cuchillo de pan.

Esta es la caja de computadora, transformada en cajón para ropa interior, transformado en zapatera:



Este es el closet de entrada. Acá dejamos los abrigos y los zapatos al volver de la calle.


Y pensar que hasta ayer ese era un mueble de cocina.


Este es el mueble de expedientes, que ahora trabaja de mueble de cocina:


Una foto de nuestra adorable cocina. De espaldas, la mesita que construyó Fefo con restos. Tiene pegados unos catálogos de frutas. En la pared del costado también se ve el reloj de cocina, y el mueble de expedientes.



Una foto de hoy; la sábana pseudo africana, la alfombra nueva, y la mesita con un símil cajón.



Algunas fotos son de octubre 2008 y otras son de febrero 2009. Creo que es obvio cuál es de cuándo, o directamente no importa.

Doméstico en construcción

Al venirnos para acá y quedarnos por un tiempo largo, voluntariamente o no, armamos una casa nueva. Un hogar, un lugar al que llamar nuestro y que, en la medida de lo posible, no sólo satisface nuestras necesidades básicas sino también nuestro gusto. Es algo sobre lo que he reflexionado bastante.

Acerca de lo pasajero y lo permanente. Sobre cuánto vale la pena gastar, invertir, y tolerar. Adaptarse al nuevo ambiente, en parte; adaptar el ambiente a uno, también. Y cómo esa relación es un fenómeno dinámico - cómo uno mismo es un fenómeno dinámico-, y aquello que parecía imprescindible en el pasado ahora es accesorio y vice versa.

Así que hace un año, antes de salir de allá, hicimos una lista de objetos que considerábamos básicos y los trajimos en la valija o los compramos en cuanto llegamos. Ropa de abrigo para el invierno extremo y algunos muebles: mesa y sillas de comedor, sillones y mesitas ratonas, estantería, cama y colchón. Y montones de accesorios, vajilla, artículos de limpieza, ropa de cama... También computadora nueva para mí, con todas las pequeñas grandes opciones (modelo, prestaciones, sistema operativo) y cámara de fotos nueva. Es curioso, curiosímo constatar que "útil" y "necesario" son conceptos independientes: nadie duda de la utilidad de los embudos, pero los que compramos en la primera visita a Ikea siguen impolutos. Los impermeables que nos trajimos no los usamos. Ahorré, no sé, 20 dólares en más de 1.000 que costó la computadora no poniéndole una tapa coqueta y ahora cada vez que la miro pienso, qué cosa más fea.

Útil, ¿pero qué tal acerca de lo necesario? Si mentalmente hiciera una lista de lo que necesito, de lo que verdaderamente necesito a lo largo de un día, de una semana, de un mes o de una estación, es alarmante comprobar con cuántas cosas inútiles (perdón, innecesarias), he acumulado.

Después de terminado el invierno, y la primavera, y el verano, el domus estudiantil se renovó activamente. Muchos de los estudiantes que terminaron sus estudios en las universidades de la metrópolis se volvieron a sus casas, en otras ciudades y otros países. Los basureros rebosaron de muebles y electrodomésticos en perfecto estado, las ofertas en las cooperativas de vivienda atiborraron nuestros ojos. Ahí, llegó de nuevo la pregunta, ¿qué precisamos de esto que están ofreciendo? Y como muchas veces lo ofrecido es gratis, la tentación de llevarse y pensar despúes si nos viene bien, es muy fuerte.

Al igual que Oscar Wilde, nosotros resistimos todo menos la tentación.

Así que hemos sido testigos de cómo nuestra casa, vacía y minimalista hace un año, se ha ido poblando con objetos de variada índole. Y ahora, por suerte, se parece a nuestra casa. O mejor dicho, a una casa nuestra.

Para empezar, nos mataba el eco y las paredes vacías. Así que salimos a la caza y captura de cosas para colgar. Posters, y más recientemente, textiles. Los primeros fueron unas cortinas del mismo color que la pared que nos regalaron los dueños anteriores del auto. No sirven para mucho, pero creo que absorben un poco el ruido, y en verano creo que también aguantan un poco la calor (que acá se pone brava a veces). La pared del comedor tiene una sábana (sí señores, una sábana) con un diseño que a mí me parece africano pero lo compramos en un lugar que se llama Free Tibet. En el mismo lugar compramos un pequeño tapiz bordado y con apliques de espejitos. En otro lugar de influencia tibetana (pega como loco acá, en Minnesota) nos hicimos de tres bufandas que colgamos atrás del respaldo de la cama. Están cortadas como el tujes, pero a mí me gusta cómo quedan. También compramos una alfombra (un momento de debilidad y un precio de $ 7.25), y a la semana nos regalaron otra, ambas de Ikea.

Creo que ya alcanzamos la cuota de textiles necesaria para absorber ruido y temperatura, y una buena cantidad de polvo también.

Nos ofrecieron (y aceptamos, sinó no lo mencionaría) una cajonera de calidad deleznable en estado calamitoso. Tiene las dos marcas inconfundibles de los muebles berretas: 1. enchapado símil madera oscura (como si yo me fuera a creer que eso es de roble macizo), y 2. herrajes símil antiguo. Tiene una tercera, en realidad, y es que mirándolo de frente uno diría que tiene 9 cajones, pero la verdad es que es una obra de arte de trompe l'oeil o mientealojo con 5 cajones. En fin. Monumento a la terrajitud.

Azorada por la constatación de que necesitaba, sí, necesitaba semejante adefesio en mi cotidianeidad, opté por comprar una lata de pintura y tapar su fealdad. Como no lo conseguí, pinté también la cama (y después colgamos las bufandas y uno de los tapices), y como todo es en la misma tonalidad, por lo menos no reclama la atención como antes. También allí radica lo útil. La utilidad de vivir rodeado que cosas que uno no desprecia en voz alta, y cuya creación (o aspecto actual) involucró creatividad y manualidad. De esta forma nos hicimos dueños del dormitorio, adaptándolo no sólo a nuestras necesidades sino a nuestro gusto.

Hay una tercera cosa en el dormitorio que me gustaría mencionar. La ventana da al este, así que nos deleita el sol de la mañana. También nos deleita el foco de la esquina. Vivimos deleitados e iluminados, y la oscuridad para dormir estuvo difícil de conseguir. Dos amigos nos dieron una cortina blackout, pero igual hay luz para los cuatro lados, así que Fefo construyó una cenefa con cartón corrugado. No es lo que se dice el non plus ultra de la elegancia, pero cumple su función perfectamente. Yo lo quise pintar, pero Fefo me sugirió no tocarlo, así que sigue tan campante, color cartón.

Como este apartamento está diseñado para gente que no sabe cocinar, y fue construido en la época en la que los microondas no existían, la cocina casi no tiene espacio para guardar nada, ni tampoco ubicar un horno microondas. Tiene, eso sí, algo muy común aquí: la pileta de la cocina es de proporciones elefantiásicas. Yo creía que era un horror exclusivo de este apartamento, pero no, es una epidemia de desatino. Serán más baratas, digo yo. Así que para suplir la atroz falta de espacio, Fefo trajo tres tablas de al lado de un contenedor de basura (creo que eran de una biblioteca, pero no sé), y armó una mesita auxiliar. Fuimos a una ferretería gigante para buscar algún coso o cosito que ayudara a mantenerla armada y esta servidora, que aunque es incapaz de agarrar un martillo del lado correcto a veces tiene algunas ideas útiles, propuso comprar una chapa de compensado fina y mantener la parte de atrás de la mesa armadita.

Después los costarricences que nos vendieron el auto los ofrecieron un mueble de oficina (esas torres altas con muchos estantecitos como para guardar expedientes), y como no tenemos ni oficina ni expedientes pero platos y vasos sí, lo usamos como mueble de cocina. La cubertera, las tazas, los platos de postre y las asaderas Pyrex tienen cabida en los estantecitos de ese mueble. Que además de todo, tiene unas rueditas invisibles que ayudan a moverlo para limpiar abajo, o para usar el enchufe con otra cosa. Feúcho, sí, pero bien útil. Me propuse ocultar su orgullo enchapado, pero todavía no se me ocurrió una idea practicable.

La semana pasada un conocido malayo que estaba desarmando la casa nos ofreció su microondas y la pequeña estantería para apoyarlo (además de una silla de oficina, la segunda alfombra, una mesita ratona con un simil cajón). Sí a todo!, dijimos, pero la mesita - estantería no tenía cabida en nuestra protococina. Así que el microondas fue a la mesa que armó Fefo, y la mesita... al closet de entrada. Ahora, en vez de microondas, aguanta botas y una caja con bufandas.

No sé si todo el mundo piensa así, o si es la coyuntura de necesidad y urgencia que me hace buscar aplicaciones diferentes al diseño original, aún cuando el diseño original es de mi autoría. La caja de la computadora, a la que le corté dos de las cuatro tapas para hacerle subdivisiones para guardar ropa interior, cuando llegó el monstruo de los cajones, pasó a ser zapatera. Los zapatos que yo uso (chatos e informales) se guardan perfectamente apoyados sobre una punta, y los tengo todos a mano.

Próximamente: fotos, y el nerviosismo de las lámparas.

PS. Publiqué sin querer este post... espero que también reciban la versión final.