miércoles, 23 de diciembre de 2009

La vida imita al arte, o Saki era un genio

Me encanta H. H. Munro, un escritor inglés que nació en la India y murió en 1917, en una de las tantas batallas de la Primera Guerra Mundial. Tanto talento desperdiciado...

En fin, siempre que llega Navidad me acuerdo de este cuento, fantástico, que me ha hecho reír hasta el descontrol. Porque aunque fue escrito hace más de 100 años, tiene una vigencia absoluta, creo yo.

Más abajo, mi traducción de "Reginald on Christmas presents". ¡Disfruten!

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Reginald opina sobre los regalos de Navidad

Quiero que quede completamente entendido (dijo Reginald) que no quiero un libro de oraciones de "George, Príncipe de Gales" como regalo de Navidad. No puedo hacer énfasis suficiente en esta afirmación.

Debería haber (continuó) clases de educación técnica en la ciencia de hacer regalos. Nadie parece tener ni la más pálida idea de lo que los demás quieren, y las ideas prevalentes en el asunto no son adjudicables a una comunidad civilizada.

Tenemos, por ejemplo, a la prima del campo que "sabe que una corbata siempre viene bien", y te envía un horror a lunares que sólo podrías usar en secreto o en Tottenham Court Road. Hubiera venido bien si se la hubiera quedado para atar los arbustos de moras, donde hubiera servido al doble propósito de sostener las ramas y aterrorizar a los pájaros- porque es un hecho conocido que el vulgar gorrión tiene un gusto estético más sólido que el promedio de las primas del campo.

Por otra parte están las tías. Siempre son una clase difícil de tratar en la cuestión de regalos. El problema es que uno nunca las conoce lo suficientemente jóvenes. Para cuando uno las ha educado en la apreciación del hecho de que uno nunca usaría mitones rojos de lana en el West End, se mueren, o se pelean con la familia, o hacen algo igualmente desconsiderado. Esta es la razón por la que el suministro de tías entrenadas siempre es tan precario.

Tenemos a mi tía Agatha, par exemple, quien me envió un par de guantes la última Navidad, y llegó tan lejos como elegir un estilo a la moda y con la correcta cantidad de botones. Pero ¡eran tan ostentosos! Se los envié a un muchacho a quien yo odiaba íntimamente: no se los puso, por supuesto, pero bien hubiera podido si la amarga muerte no hubiera llegado. Era casi tan consolador como enviar flores blancas a su funeral. Por supuesto que le escribí a mi tía diciéndole que eran lo que yo había estado esperando para que mi existencia floreciera como una rosa; me temo que me creyó frívolo - ella es del Norte, donde viven con miedo a la Providencia y al Conde de Durham (Reginald declara un exhaustivo conocimiento de asuntos políticos, lo que le otorga una excelente excusa para no discutirlos). Las tías con un toque de influencia extranjera son las más satisfactorias en entender estas cosas; pero si no puedes elegir a tu tía, lo más sabio en el largo plazo es elegirte un regalo y enviarle la factura.

Aún los amigos del mismo grupo de uno, de quienes se podría esperar más atino, tienen curiosos delirios sobre el tema. No estoy coleccionando copias de las versiones más baratas de Omar Kjayyám. Regalé las cuatro últimas que recibí al botones, y me gusta imaginármelo leyéndoselas, con las notas de FitzGerald, a su anciana madre. Los botones siempre tienen madres ancianas; muestra un lindo sentimiento por su parte, creo.

En lo personal, no veo en dónde reside la dificultad de elegir regalos apropiados. Ningún joven que se precie de un gusto refinado podría dejar de apreciar una de esas botellas de licor tan decorativas, que son exhibidas con reverencia en la vidriera de Morel-y no sería en absoluto un problema si uno recibiera duplicados. Y siempre existiría ese momento supremo de temida incertidumbre antes de saber si se trata de créme de menthe o Chartreuse-como la emoción expectante de ver las cartas de los otros jugadores al terminar la partida de brigde. La gente puede decir lo que quiera sobre la decadencia del cristianismo: el sistema religioso que produjo el Chartreuse verde nunca morirá.

Y además, por supuesto, están las copas de licor, y la fruta abrillantada, y las cortinas de tapiz, y montones de otros objetos esenciales que son regalos muy sensatos- por no hablar de lujos, como tener las facturas pagadas o recibir cariño en forma de joyas. A diferencia de la supuesta Buena Mujer de la Biblia, los rubíes están bien para mí. Para quien la conociera, a propósito, debía ser un problema en época de Navidad; nada menos que un cheque hubiera solucionado el asunto. Quizás sea esta la razón por la que cayó en el olvido.

Mi gran encanto (concluyó Reginald), es lo fácil que me contento. Pero tengo un límite, y es el libro de oraciones del Príncipe de Gales.

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El original, junto con muchos otros, en Read Book Online

jueves, 17 de diciembre de 2009

Triatlón por cuotas (y bajo techo)

Yo, como casi todo el mundo, gané unos buenos cinco kilos en los primeros tres meses en Estados Unidos. Y como casi todo el mundo también, me propuse volver a mi estado original.

Con tal propósito fue que pagamos membresías, con Federico, en el gimnasio de la Universidad. El gimnasio tiene una configuración muy común aquí, en Estados Unidos: está lleno de máquinas super modernas y variadas, pero casi no tiene personal; ni profesores, ni clases, ni nada. Y prácticamente no hay clases de gimnasia. En Uruguay es exactamente al revés: los gimnasios tienen MONTONES de clases para todos los gustos, pero muchos menos aparatos. Algo análogo sucede con la limpieza, hay máquinas que lo hacen todo pero el servicio doméstico es mucho menos frecuente. Por lo visto acá es más barato comprarse una maquinola, que no aporta al BPS y que uno puede revender, y que reviente la mano de obra cualificada. En fin.

El caso es que demoré un poco en aclimatarme. Nunca antes me había lanzado sola y sin guía a una sala de pesas, máquinas y aparatos. Las bicicletas fijas, las elípticas, las cintas, el remo, las escaleras, las de escalar... esas son las de ejercicio aeróbico. Y después un montonazo de máquinas para desarrollar cuanto músculo se ha descubierto en la anatomía humana.

Sudando la camiseta en las aeróbicas hay un muestrario muy variado de gente, desde veteranos hasta muy jóvenes, obesos y gente que podría modelar en traje de baño. De todo. En las de fuerza no, están todos los Tarzán Gómez (que acá son más bien rubios, pero tienen la misma afinidad a los tatuajes y los cortes de pelo terrajas que tenía vistos de antes).

Tímidamente empecé probando las bicicletas fijas. Me gusta pedalear en la "vida real" (ya hablé de dicha instancia en un artículo previo) así que miré fijamente el monitor y programé. Mi peso, mi edad, elegí un programa casi al azar, y a pedalear. El monitor dice cuánto tiempo uno lleva pedaleando, en qué nivel está (lo cual es relativo) y cuántas calorías lleva quemadas (lo cual a mí me parece de ciencia ficción. Bah). Empecé a pedalear y a meterle cada vez con más ganas, hasta que un día alcancé a 100 cal. en 7:30 minutos - esa vez pedalée por 30 minutos. Otra vez, pedalée 70 minutos. 1 hora 10 minutos sin parar. ¿Qué tal?

Como es necesario mantenerse motivado, en marzo cambié de aparato. Además de pedalear ocasionalmente, me enfrenté a las cintas para correr. Mis intentos previos con el atletismo fueron bastante patéticos, llegando a los 5 minutos creí que iba a reventar. Pero persistí. Mi plan era tratar de correr 30 minutos sin importar la velocidad - esforzarme en no parar, únicamente. Por eso determiné la velocidad mínima tolerable para correr (4 millas por hora - 6,4 km/h) y llegué a 30 minutos sin reventar. Después fui subiendo la velocidad, una décima por vez. La primera vez que corrí a 5 m/h (8km/h) fue el día que cumplí 30 años. Después seguí aumentando, hasta 6 m/h (9,65 km/h), pero mi velocidad preferida son las 5 m/h. Normalmente las máquinas están programadas para ser usadas un máximo de 30 minutos, pero siempre hay alguna para uso ilimitado. Un sábado de mañana llegué temprano y me apropié de la única cinta sin programar, y marqué, 5 m/h. Decidí parar cada 20 minutos para estirar un poco y rellenar la botella de agua, pero básicamente no descansar. Así corrí. Y después, seguí corriendo. Y también un poco más. Pero desgraciadamente me lastimaron los zapatos, así que tuve que parar a los 48 minutos. Correr sí, sufrir no.

Además de correr y pedalear (y ocasionalmente treparme a las máquinas elípticas o a la de remo, otra favorita personal de larga data), un buen día decidí ir a nadar. No sé si alguna vez les comenté, pero de chica, yo nadaba en el plantel de pre entrenamiento de AEBU. Ah aquellos años 80. Desde 1990 hasta ahora he nadado muy esporádicamente, y siempre en piscinas. Si me caigo al agua de un barco puedo nadar hasta la orilla (y hasta sé varias técnicas de socorrismo), pero arriesgarme al santo pepe en el arroyo Solís (como tantos giles que se ahogan verano tras verano), no, paso.

El caso es que decidí empezar a nadar. Lo curioso de nadar es que tiene dos partes: una es que consiste en trasladarse en el agua. La otra, es que hay que hacerlo de una manera correcta: aprovechando eficientemente el esfuerzo y haciéndolo de manera balanceada (mismo esfuerzo del lado derecho e izquierdo del cuerpo). Siempre, en toda piscina libre a la que he concurrido, hay gente (siempre hombres, por cierto), que hacen apenas lo primero y definitivamente no lo segundo. Siempre hay un tipo relativamente atlético, que mete 80 brazadas para recorrer 20 metros, chapoteando, y levantando siempre el mismo brazo. Qué espanto. ¿Por qué nadie le dice a esta gente, por favor muchacho, meté patada, meté el brazo de punta o de codo, braceá abajo del agua (es ahí donde se hace la traslación, no en el aire), y respirá una vez a la derecha y otra a la izquierda? ¡Me parece una actitud tan irresponsable! Pero yo no me animo a ir a decirle a estos belinunes que son un desastre.

Porque por algún motivo misterioso las primeras veces que traté, yo era un belinún más. Nadaba una piscina y me quedaba el cuello tieso. Pero después me acordé (o mejor dicho, mi cuerpo se acordó) de cómo es que se nada bien, y arranqué a nadar un par de piletas más. Y otro par. Y otro. Y un par más. Empecé a superar los máximos que yo recordaba haber nadado alguna vez, cuando entrenaba. 32 piletas, eso son 800 metros. El día que llegué a la pileta número 40 (1 km), la celebré nadando mariposa (sí, sé nadar mariposa). La vez siguiente fueron 48. Y así sigo. El truco es bastante simple y concordante a lo que toda actividad física requiere: no dejar floja ninguna parte del cuerpo porque pesa y contrarresta el movimiento (especialmente los abdominales), alejando los hombros de las orejas. ¿Les suena conocido? ¿No? Bueno, a mí sí.

Así que en conclusión me he transformado en una triatleta de salón, de un triatlón imaginario y por cuotas. Me causa gracia, y un poco de sorpresa. Yo no sabía que podía correr más de 5 minutos, o nadar más de 20 piletas, o pedalear más de 40 minutos.

Más de una vez me surge la pregunta ¿cuál es el límite, cuál es mi límite? Debe estar en algún lado, pero yo creo seriamente, que mi límite está en mi cabeza. No me imagino esforzándome mucho. No, yo no. Mirá si me lastimo o algo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Mano de obra

Cuando nos estábamos preparando para venirnos, hace dos años, yo tenía un trabajo en la Universidad, otro online, otro particular, un flamante título de licenciada y algunas ideas un poco vagas en cuanto a qué hacer con mi tiempo acá.

Con la Universidad me mandé una jugada un poco arriesgada, porque tengo hasta 3 años de licencia sin sueldo en toda mi vida laboral en el Estado uruguayo y voilá, me patiné casi 2; igual sigue siendo mi empleador principal y mi mayor referencia. En cuanto llegué me di cuenta que el trabajo particular se me complicaba una barbaridad, y decidí dejarlo en el freezer hasta mi regreso. Un tiempo después de aterrizar del todo llegué a la conclusión de que mi trabajo online no era tan interesante como antes; la experiencia fue muy valiosa y creo que me aportó una enormidad, pero en las coordenadas dinero, esfuerzo y retribución, la verdad es que terminaba en rojo siempre. Así que me fui. Pero a lo mejor algún día vuelvo.

Los trámites del permiso de empleo fueron molestos e incordiosos, pero obtuve mi primera tarjeta casi 4 meses más tarde de pedirla, en julio 2008: es casi ilegible con una foto horrible les digo. También ahí pedí mi número de seguro social; fui a una oficina que parecía un catálogo antropológico. Gente con atuendo tibal, mujeres con velo total tapándoles también los ojos, minnesotanos de tierra adentro con gorros de orejeras y botas embarradas. Después se venció la visa y con la extensión de la residencia, tuve que renovar el permiso. Ahí tuve cuidado de sacarme una foto más presentable, pero me equivoqué en una cosita en los papeles y tuve que mandar todo de vuelta. No el cheque por 350 dólares (que es lo que cuesta el trámite) por suerte. La nueva tarjeta también es ilegible, pero eso no es mi culpa. ¿A quién se le ocurre diseñar una tarjeta con un sello enorme azul marino, y la información escrita en tinta negra? Por favor... Pero bueno. El permiso y la licencia de conducir tienen una banda magnética: cuando uno va a un hospital, o a un aeropuerto, o algún lugar importante, presenta la tarjetita y la pasan por el lector magnético. Tadá! Nada de copiar nombres incorrectamente! Primer nombre y último apellido, como se estila acá, así que hemos visto nuestros nombres en formas muy variadas.

En mi periplo por la búsqueda de empleo no me fue muy bien, pero tampoco tan mal. Me presenté varias veces a zafras de la librería de la Universidad, y ahí siempre me tomaron. Atendí la caja vendiendo mayoritariamente libros (aunque alguna gente se compraba un completo de mochila, camiseta, buzo, gorrito, lápices y qué se yo), y aprendí a manejar la máquina registradora y a aceptar cheques, tarjetas de crédito, universitarias, débito, regalo y efectivo. Amigos: nunca paguen con cheques. Otra vez lo que hice fue comprar libros usados: los alumnos venían con sus libros que habían comprado un par de meses atrás y por lo que habían pagado una fortuna, y yo les ofrecía una limosna a cambio. Algunos se enojaban, otros estaban resignados. Y otros, que habían pagado con la tarjeta de crédito de los padres pero se estaban quedando con el efectivo, se iban chochos de la vida. Sweet! es la expresión que más escuché. En otra oportunidad envolví regalos. Y también me tocó una vez estar adentro del traje de Goldy.



Hot'n'smelly. Caluroso y apestoso. Tengo un nuevo respeto por el tipo que está adentro del traje de Mickey Mouse, eso, señores, sí que es un trabajo jodido.

Cuando embolsé libros y envolví regalos, desarrollé métodos óptimos para hacerlo en la menor cantidad de tiempo y de la mejor manera. Descubrí cuál es el mejor orden de escanear los precios (objetos chicos primero), y el orden para embolsarlos (armar montañitas y embolsarlas así, no ir tirando cosas adentro de la bolsa). Así yo buscaba garantizar que nada se rompiera en el camino de la caja registradora hasta la casa del comprador, que no se rasgaran las bolsas y que el peso quedara razonablemente distribuido. Si fallaba en eso, al menos daba la impresión de ser una neurótica al estilo Martha Stewart y eso me redimía. Todo el mundo respeta a una Martha Stewart en vez de mandarla al demonio. No sé por qué. Algo parecido hice con envolver los regalos. Cortaba el papel por adelantado, tenía medido cuánto papel se precisaba para cada paquete, cuál era la forma óptima de doblar, pegar la cinta, etc.

Son increíbles los efectos secundarios del aburrimiento, ¿eh? Las oportunidades de trabajo en la librería, sin embargo, han sido bastante esporádicas.

Me suscribí a sitios de búsqueda de empleo y tengo un par de anécdotas bizarras al respecto de oportunidades surgidas por esa vía. Una de ellas fue una entrevista laboral masiva (como 200 personas) y un tipo desorbitado que exclamaba y nosotros teníamos que repetir los coros. Yo miraba a los demás candidatos y veía mucha gente triste, mal vestida, y me pregunté, ¿qué clase de trabajo es éste? Como la respuesta no prometía demasiado, y además estaba en el traste del universo, desistí. Otra vez recibí un scam, una trampa, y casi caigo. Se suponía que era de una importadora de autos alemanes y todo sonaba bastante serio, excepto que la dirección de la que me escribían era en gmail. ¿Mercedes Benz usando gmail? ¡Qué raro! Bueno, el caso es que respondí haciendo un par de preguntas y el tipo (o tipa) del otro lado me dijo que mis preguntas eran muy sospechosas y que me iba a denunciar. Yo hice lo propio y busqué el sitio de la importadora y les dije, alguien está usando el nombre de ustedes para hacer plata sucia. Nunca me contestaron. Tengo un Honda. Que se pudran todos.

También me presenté a entrevistas de trabajo en lugares cerca de casa. Una sandwichería, una "regalería", y no me tomaron en ninguno de los dos lugares. Después pasé por ahí y ví que habían contratado gente más joven que yo. En la regalería me pareció razonable que hubieran preferido a esa otra persona, en la sandwichería, no. Digo, nadie tan peludo debería trabajar sirviendo comida.



De rebote me enteré lo del Call Center, y fue una experiencia espectacular. Trabajar en una empresa americana, en sus propias oficinas suburbanas y e interactuando con los otros empleados fue lo máximo. Es lo que me permite afirmar sólidamente que YO ESTUVE EN USA, y que viví varios episodios de "The office". ¿Conocen? Lo más raro fue escuchar las conversaciones en el almuerzo, las mujeres y hombres discutían de fantasy football. O sea que toda esa gente, hombres y mujeres, seguían no solo los resultados de todos los equipos, sino también las estadísticas de un montón de jugadores. Muy raro para esta servidora. Me consideré bautizada el día que la máquina dispensadora de Coca-Cola me aceptó las monedas pero no me dió mi lata. Para completar el ritual le propiné una patada y un expletivo ("máquina de mie"!).

Me entendí muy bien con la secretaria y la supervisora del Call Center. Muy buena gente, muy simpáticas y muy, muy amables conmigo. Hasta me hicieron un mini regalito cuando me fui. ¿Qué tal? Trabajando en el call center, parecido a cuando trabajaba online, pude determinar que las tendencias y el comportamiento masivo son algo muy real. También la distribución: el día que tuve que llamar gente, uno que cada 10 contestaba. En los primeros 10 contestó uno, en la segunda decena no contestó nadie, en la tercera atendieron 2. Al final de 65 abonados encontré a 6. Increíble la distribución estadística. Uno llama cuando se le da la gana, teóricamente, pero la verdad es que todo el mundo llamaba al mismo tiempo. Había momentos atareadísimos y momentos muertos. En esas horas muertas tejí mi bufanda de crochet. Los miércoles, el día que coincidía con un minnesotano bilingüe que trabajaba en la misma cuenta, discutíamos de fútbol (otro minnesotano fanático del fóbal... en fin).

Otros efectos secundarios del aburrimiento.

Donde gané un poco de dinero y no me aburrí ni un poquito fue con los hijos de Guillermo. Tuve que irlos a buscar alguna vez a la escuela, o quedarme con ellos un rato, y eso estuvo muy lindo.

También ocupé bastante tiempo en la biblioteca de la Universidad pero no por retribución monetaria, de eso escribo en un próximo artículo.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Fotos y más fotos.

Los cuentos quedarán para hacer en vivo.

amsterdam


cairo


asuan


luxor


paris

martes, 22 de septiembre de 2009

Julie , Julia y yo

Ví la película Julie & Julia y me gustó mucho. Está basada en un libro, el que a su vez está basado en 2 historias reales.



Para quien no la conoce, Julia Child es una cocinera que publicó un libro de cocina importantísimo, Mastering the Art of French Cooking (equivalente cultural del Libro del Crandon). Fue publicado por primera vez en 1961 y tiene un enfoque novedosísimo para la época: cuisine française para las amas de casa americanas, presentando recetas lo suficientemente sofisticadas como para prescindir de latas y prefabricados, y al mismo tiempo lo suficientemente simples como para poder ser realizadas por una sola persona en un lapso de tiempo razonable.

El argumento de la película va de una mujer, casualmente también llamada Julia, que decide un día cocinar todas y cada una de las recetas del Mastering the Art... y lleva un blog al respecto.

La película, entonces, transcurre en el pasado, en los años 50 cuando Julia Child se encuentra en París, viviendo con su marido y sin mucho para hacer, y cómo va gestando la idea del libro de cocina. Intercalado, transcurre en el año 2002, Julia Powell trabaja en un call center, no le entusiasma mucho su trabajo y se fija una meta, casi al azar. El paralelismo entre ambas historias es muy interesante y en mi opinión, la película es muy disfrutable.

Ahora bien.

La película me pareció mucho más que disfrutable. En determinado momento, tengo que confesar que me erizó el pelo de la nuca. Me pareció que al paralelismo de esas dos Julias, le podíamos agregar un tercer paralelismo con esta que escribe acá, y no sólo en el nombre.

Las dos mujeres estaban casadas hacía tiempo, y en el momento en que transcurre la historia tampoco tenían hijos. Una de ellas trabajaba en un call center luchando por conservar la cordura y hacer las cosas bien, mientras que la otra vivía en el extranjero con su marido, cuyo trabajo lo obligaba a establecerse por temporadas largas en distintas ciudades. Una de ellas sueña con mudarse a una casa más grande y lo logra, al principio de la película, mudándose a un apartamento de los años 50's (como el nuestro de Minneapolis, hasta los placares de la cocina eran idénticos). La otra pasa un tiempo largo boyando en una ciudad extraña, tratando de entender a los locales y rebotando una y otra vez en empresas desmotivantes. Una de ellas cumple 30 años, y recibe de su marido un collar de perlas (yo cumplí 30 hace poco y recibí de mi familia política caravanas y pulsera), la otra conoce gente en su nueva ciudad y nuevo idioma y establece amistades. Las dos reciben apoyo incondicional de sus maridos, para aprender a cocinar aunque en la escuela de cocina sólo haya chefs hombres o para abrir un blog y dedicarse a escribir.

Yo no diría que esta película me cambió la existencia, pero pasé un buen rato. Ya conocía los libros de Julia Child y de hecho, ¡hasta cociné una vez una receta suya! Fue para Navidad, unas verduras horneadas que quedaron muy bien (una de las comensales me llamó después para pedirme la receta y todo). Aún así, de paseo en una librería curioseando en la sección culinaria, me detuve a hojear el libro en cuestión,



Era pesado, y tiene unos dibujos que me recuerdan, una vez más, al Libro de Cocina del Instituto Crandon. La verdad es que la cuisine no es lo mío.

Pero justo abajo, estaba éste otro:



Ah bueno. Un libro que no es de recetas, sino de técnicas y procedimientos. Hervir, rostizar, saltar, hornear, a la plancha, al vapor... un sólo ingrediente básico y 5 ó 6 formas básicas de preparación. Este libro se vino conmigo, y la verdad es que me parece una maravilla.


Mercei bouquiúp, Madame Child!

Después de 8 años...

Después de 8 años de reirnos del Presidente, ahora nos reímos con el Presidente.

"
David Letterman: ¿Cree Usted que la resistencia a su propuesta de Plan de Salud está causada por el racismo?

Barack Obama: Bueno, hay que tener en cuenta que yo YA era negro antes de ser Presidente.

David Letterman: ¿Cuánto tiempo hace que usted es negro?

"

La entrevista estuvo brutal. Acá hay un pequeño artículo periodístico al respecto. http://www.startribune.com/politics/60042712.html. Si tienen tiempo, ganas y conexión, la entrevista está en YouTube, acá http://www.youtube.com/watch?v=LmE7tuR0364.

Obama es... fascinante. Y exuda carisma por los poros. Espero que además resulte un buen presidente.

Robó, huyó y lo pescaron (por nabo)

Los tiempos que corren están difíciles y el nivel de criminalidad en Minnesota ha escalado. Hay que admitir, sin embargo, que la nueva generación de cacos tiene estilo.

Por ejemplo, hacerse el malito y hacer pasar un mal rato a los cajeros, pobres trabajadores inocentes, ya no es la regla. Un ladrón tuvo la delicadeza de disculparse, "sorry, man". Otra aclaró, tengo hijos que alimentar. Un tercero se vistió de duende y tranquilamente atracó un banco el día de San Patricio.

Aquello de robar un banco y huir en coche ya no está al alcance de cualquiera. Ahora el medio de transporte es el ómnibus. Al menos tres fascinerosos han sido detenidos en los últimos 12 meses al tratar de usar MetroTransit para la fuga.

Uno en noviembre
, otro en abril, y otro en setiembre.

Otros, conscientes del impacto ambiental del medio de transporte, han preferido la bicicleta. Tampoco es un buen sistema.

Algunos tienen mala suerte. Unos tipos que robaron la cafetería de un hospital y estaban actuando "sospechosamente" cuando justo pasó por ahí un estudiante de medicina que además era luchador y maratonista. Al primero lo aplastó en la entrada del hospital, y al segundo lo corrió un montón de cuadras hasta que lo alcanzó tirándosele encima. Otros malandros, en cambiom venían haciendo todo bien hasta que decidieron parar en un restaurante. Justo había unos policías adentro (supongo que comiendo hamburguesas y papas fritas) con la radio abierta y mirando al estacionamiento, escucharon el aviso y sin más vuelta arrestaron a los culpables.

Pero a algunos lo que les falta, es una mente criminal. Perdón, detengámonos en mente. Tal es el caso de este joven de 23 años que robó un banco y lo pescaron unas horas después. La noticia es demasiado buena como para no comentarla: el tipo fue a la caja y le dijo a la cajera "dame la plata" y le revoleó un cuchillo en la cara (la de la cajera y la de las cámaras de seguridad). Cuando iba saliendo, un empleado del banco lo reconoció y lo saludó. Quince minutos más tarde la policía lo detuvo por exceso de velocidad y el policeman le dijo que iba a tener que mandarle la multa por correo, ya que lo estaban llamando por un robo en un banco. El chorro, haciendo honor al Minnesota Nice le aclaró que la dirección de la libreta ya no era correcta y amablemente le dio la nueva dirección. Cuando el agente de policía llegó al banco y vio la filmación de seguridad, reconoció al caco y gracias a la información provista, fue a la casa. Ahí lo encontraron, con la plata robada, el cuchillo, y se lo llevaron en cana. Además, tuvo que pagar la multa por exceso de velocidad.


***
Los links son válidos por un par de semanas y después expiran. Si quieren leer las noticias, tienen tiempo hasta el 5 de octubre.

jueves, 13 de agosto de 2009

Justicia divina

Como les comenté antes, estoy trabajando en un call center. A veces recibo llamadas, y otras veces quien llama soy yo. Yo sé que es por un motivo noble y la mar en coche, que no vendo cosas ridículas ni juego sucio, pero básicamente molesto a mucha gente.

Ayer, en un acto de justicia divina, fui yo la receptora de un llamado molesto. Para compensar de una sola vez toda la molestia que yo he generado en varios días de trabajo, el teléfono sonó primero a las 3 am, después a las 3.05 y por último a las 4. Alguien que hablaba en árabe y yo, entre incrédula y furiosa, creo que aullé - pero no podría afirmarlo. Creo que lo que dije no lo aprendí en ninguna clase de idiomas, esas con las que fanfarroneo de vez en cuando.

Me costó dormirme de vuelta, para despertarme a las 6.30 am (es la hora a la que me levanto los días que trabajo) y estuve de malhumor el resto del día.

Suerte que no trabajo manejando un camión de basura, o una barométrica. O tomando muestras en un laboratorio clínico. No quiero ni pensar cuál hubiera sido la venganza.

martes, 4 de agosto de 2009

Ejercicio 4: Comprensión auditiva

Cuando mi hermana y yo éramos chicas, y los domingos de tarde salíamos a caminar con mi padre, mi gran preocupación era que me resultaba difícil la matemática de la escuela. Todo el mundo hace las cuentas más rápido que yo, y además a veces me salen mal, era mi queja. (Si mi infancia hubiera sido en un lugar como Minnesota no hubiera tenido ese problema, porque acá se hacen concursos de deletreo, Spelling Bees, y tienen mucho más prestigio entre los niños que poder calcular mentalmente 72/8 rapidito).

Pero bueno. En uno de esos paseos mi padre me dijo que no tenía que preocuparme en ser la más rápida o querer tener los deberes todos bien porque sí, sino que la importancia de la matemática (para alguien de 8 años) tenía que ser si me alcanzaba la plata en el almacén, y cuánto tiempo tenía que ahorrar cuánto dinero para comprarme algo (una muñeca o un libro, la cúspide de mis ambiciones de entonces). Lo importante es cómo uno se las arregla en la vida real, me dijo, mientras nuestras piernas tragaban cuadras y cuadras.

Flash forward, una década más tarde, la que pasé casi íntegra estudiando dos idiomas al mismo tiempo, y durante algún tiempo tres. Siempre fui una buena alumna en lenguas extranjeras, pero mis notas no deslumbraron casi nunca. En parte por un método privado de aprendizaje (ningún misterio: absorbía como una esponja en clase y nunca hice un deber hasta los cursos más avanzados) que no sé muy bien por qué no era muy popular entre mis profesores, y en parte porque en una de las cuatro pruebas, siempre pinchaba.

Básicamente, los cursos de lenguas extranjeras se estructuran en torno a cuatro competencias lingüísticas: expresarse por escrito y oralmente, y comprender lo que uno lee y escucha. Como siempre leí muchísimo y tengo buena memoria para el vocabulario, armé las otras alrededor de esa; aprendí palabras leyéndolas primero, y escribí (ideas, oraciones, casi párrafos enteros) acordándome de algo que había leído antes. Pero la comprensión auditiva siempre me resultó dificilísima; me distraía en cuanto la profesora apretaba PLAY, y nunca pude mirar una película sin leer los subtítulos. Me presenté a un examen que era sólo de comprensión auditiva, y perdí. Pero aunque el malhumor de haber perdido ese examen me duró como ocho años (cuando se me pasó fui y lo dí de nuevo y salvé), nunca me preocupó mucho eso de no tener muy buenas notas a causa de tener una zanahoria en la oreja, porque en definitiva, lo importante es cómo uno se las arregla en la vida real.

Flash forward, otra década más tarde. Seguí mi rumbo lejos de las aulas, las notas, cursos, exámenes y demás parafernalia estudiantil. En pleno apogeo de la vida real llevo un año y medio inmersa en inglés y sigo sin entender demasiado cuando tengo que hablar por teléfono o hay gente hablando en la radio. Digamos que no me canso mucho tratando, pero en algún lugar de mi cabeza siempre estuvo la pregunta, ¿y si yo realmente... realmente, me esforzara?

Y entonces, en un giro imprevisto de los acontecimientos y las reglas predominantes en el orden del universo y el movimiento de los planetas, en el día de hoy la vida real se encargó de responder mi pregunta.

Empecé un empleo temporal en un call center que atiende llamadas en inglés y francés recolectando información sobre clientes de un fabricante de electrodomésticos europeo. Cierta línea de productos tiene un controlador defectuoso y los clientes tienen derecho a un service gratis cambiando la pieza en cuestión, así que básicamente se trata de anotar nombres, apellidos, números de teléfono, direcciones en Estados Unidos o Canadá (después la empresa contratante maneja esa información), y no, no tengo que preguntar, señora, ¿está segura que lo enchufó? Son ocho horas por día, tres veces por semana, en una oficina que queda lejísimo de mi casa pero manejando no es tanta transa.

Me destapo la oreja, y encima, me pagan. ¿No hubiera estado bueno que me pagaran, allá hace años cuando estaba preparando el Proficiency?

sábado, 1 de agosto de 2009

Lanas bellas

El idioma inglés tiene la ventaja de ser el origen de muchas palabras ampliamente conocidas en otros idiomas, que cuando se usan en inglés a veces tienen tanto el sentido original como el actual. Una de esas palabritas es shop, que alude a un local de depósito, comercio o fabricación de bienes. Por extensión, shop también quiere decir local de venta y como verbo, quiere decir comprar. Un taller es un local donde se trabaja, o sea, un workshop. La empresa de Henry Ford publicó un libro titulado Shop theory que tuve en mis manos, y no, no se trataba de ir de compras.

Shop
es la mejor palabra que se me ocurre para describir a Bella Lana, un pequeño local a unas cuadras de mi casa. Desde enero he tomado varios de los cursos que ofrecen, y a continuación paso a describir.

El primer curso que tomé, en enero, fue el de principiantes. Yo ya tenía algunas nociones pero fue evidente que tenía mucho información básica por conocer. Aprendí dos formas diferentes de poner los puntos en la aguja, repasé los dos puntos básicos de tejido y dos formas diferentes de rematar. Lo más interesante del curso fue aprender a leer las etiquetas de las lanas y probar agujas de diferentes materiales. Me gustaron mucho las de bambú, pero también probé de acero, aluminio, madera y plástico.

En ese primer curso tejí una bufanda en lana Ella Rae Classic (de Rumania) en dos tonos de verde, y para la terminación usé crochet (ya había empezado el segundo curso). Usé agujas de bambú número 7, de 4.5 mm de diámetro. Los botones fueron idea de Federico, y el ancho de la bufanda es el largo de su cuello. Cuando Federico usa la bufanda, la enrolla alrededor de su cuello pasa los dos botones por los dos ojales (a mí me parece que queda como una cataplasma, pero para él es muy cómodo); cuando yo la uso prefiero combinar ojales y botones con los del abrigo, así no me apreta tanto.





El segundo curso, el de crochet, fue realmente difícil. Las otras alumnas de la clase volaban y yo apenas podía, en lucha encarnizada, hacer un punto después de otro. En cierto modo tiene sentido, nunca me fascinó el encaje a crochet y el despliegue ornamental por lo general me parece inmundo, así que tiene sentido que no pueda hacerlo y no me desvele. Pero fue casi una revelación descubrir la trama cerrada y resistente de los tejidos de crochet, y la versatilidad de la técnica. La instructora usó lana, hilo, perlas, alambre y varios otros elementos y me deslumbró.



En esta clase hice una bolsita con lana Cascade (de Perú) y usé una aguja de aluminio número 6, G, de 4.25 mm. Después hice otra similar en acrílico. Primero se hace una cadena y después se teje crochet simple en círculos, hasta que se decide que está bien o se termina la lana.





También aprendí a coser piezas usando crochet, lo que junto a la terminación, fue lo que me pareció más práctico.

El proyecto más ambicioso en el que me embarqué fue tejer un buzo. También me anoté en un curso, lo cual fue una buena idea teniendo en cuenta todas las dificultades que fueron surgiendo y toda la ayuda que precisé. El buzo lo tejí en Ella Rae violeta, y usé agujas número 8 para hacer los puños y número 7 para el cuerpo. El cuello lo tejí con una aguja redonda número 7. Uní la parte de adelante y atrás usando tres agujas en los hombros y crochet en los costados. Las mangas las tejí empezando por los puños, y las uní usando tres agujas en la última carrera y crochet en el resto. El cuello fue lo último que hice: con el buzo armado levanté los puntos de la base y tejí un puño idéntico al de las mangas y el cuerpo (misma combinación de puntos hacia arriba y hacia abajo en la carrera).



Me costó una enormidad tejer el buzo y no quedé del todo conforme. De hecho, el modelo estaba bueno pero no me gustaban los hombros, así que la instructora tomó un molde de otro buzo (donde sí me gustaban) y alteró mi molde, creando un híbrido.



Todavía no lo estrené. Pensaba terminarlo antes de mi cumpleaños, pero no pudo ser.

Decidí lanzarme a la aventura y hacer yo sola una prenda siguiendo instrucciones de un libro. Fui a la biblioteca y saqué miles de libros (bueno, muchos pero quizás no tanto).



Entre estos decidí hacer una bufanda de crochet. No hiper difícil, pero con un poco de jeitinho. Estoy usando lana Jamieson's Shetland Spindrift y una aguja de crochet de bambú de 2.75 mm.





Mientras llevo a cabo mi experimento de tejedora independiente, también estoy aprendiendo una forma de tejer que jamás ví a nadie usar en Uruguay (me pregunto si será por distraída o porque nadie la usa): agujas de doble punta. La idea de poder tejer en forma tubular cosas pequeñas, en las que la costura es muy incómoda (gorros, guantes y medias). Con la misma lana que estoy usando para la bufanda, estoy tejiendo un par de mitones, con agujas de bambú número 4, de 3.5 mm. El diseño del tejido es un poco recargado (la idea es usar mucha lana para que sea más resistente al frío), ya probé hacerlo hace tiempo y no es imposible. Difícil, pero no imposible.





Recién empecé el puño del primer mitón y por eso es difícil ver cómo va avanzando. Las agujas me hacen acordar a piezas de Mikado, y se usa una aguja extra para tejer los puntos. Una vez sorteada la sorpresa inicial, es bastante parecido a tejer con dos agujas.

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Tejer es una actividad curiosa. Mucha gente insiste en que es relajante, pero a mí me hace el efecto inverso, como si me diera arranque. Casi autohipnosis, después de tejer un rato se me ordenan las ideas y me energizo para enfrentar las tareas que menos me gustan. No imagino que la actividad sea práctica, ni tampoco económica, pero me asombra las posibilidades de expresividad, y también, la constatación tactil de un resultado físico, palpable, de las horas que pasaron.

Federico insistió mucho tiempo con que quería algo tejido por mí. Ahora que lo tiene (una bufandita entre tantas que tiene), lo usa y afirma que lo pone contento. Las instructoras (y dueñas) de Bella Lana, Cornelia y Karin, dicen que no hay nada como la satisfacción de terminar un buzo y ponérselo. Yo no sé, pero me gusta tejer y pienso seguir haciéndolo. Por ahora hago acopio de material y de ideas. Después, veremos qué pasa.



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An English version of this post is available here: http://crossingsofmymind.blogspot.com/2009/08/beautiful-wool.html

lunes, 20 de julio de 2009

Momento histórico

Hoy se conmemoran 40 años de la llegada de Armstrong, Aldrin y Collins a la luna, y para celebrarlo el canal de la NASA está pasando programas interesantes. Mirables, al menos.

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Rectificación, ahora hay una toma nocturna de un space shuttler, cámara única, con voces en off tipo "tacho de Montevideo", combinado con un salón con computadoras (como los de las películas, "Houston..."). El director de cámaras y edición está mezclando con tomas desde el espacio, con un astronauta flotando en la nada cerca de un armatoste. Esto será muy ciencia divulgadora, pero es un bodrio mayúsculo.

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Pero la semana pasada hubo un programa que estuvo bueno, lo juro, ¡yo lo ví!

domingo, 12 de julio de 2009

Michael ¿cuánto?

En todas partes la noticia de la temporada es la muerte de Michael Jackson. Medios periodísticos y opiniones personales intentan señalar la importancia de Jackson en la cultura americana, su influencia y legado, sin poder evitar recordar los escándalos que rodearon su figura en los ultimos 15 años. Agreguen que es verano y no pasa nada, y tienen la receta para el desastre.

Para denunciar el tsunami de mal gusto que rodea a Jackson en su camino al más alla, me remito a un comentario de la periodista de la KARE (el canal de Minneapolis): "los hermanos de Michael Jackson llevaron el féretro al escenario, y ésta es la última vez que veremos en escena a Jackson Five". Repugnante.

Pero yo quisiera traer a colación a otro individuo, tambien de 50 años, también fallecido en la última semana de junio, cuya obra y noticia han sido eclipsadas injustamente. El fulano en cuestion se llamaba Billy Mays y es el rey indiscutido del infomercial. Permitanme iluminarlos al respecto, un infomercial es un comercial muy largo (como de 20 minutos o mas), donde una o más personas demuestran la eficacia de cierto producto en todos los contextos posibles. Canal 10 los pasaba de mañana, y son las vedettes de la television de madrugada. Si alguna vez encallaron en un hotel de mala muerte y las 4 am los encontro sin poder dormir, seguro saben a que me refiero.

Soy la primera en admitir que Mays me parecio molesto como un moscardón la primera vez que presté atención a sus avisos. A la quinta vez que lo vi anunciar las bondades de Oxiclean, y despues de verlo hacer un aviso en españolo (una versión caracteristica del español hablada por personas que ignoran que no saben español), me dio por pensar que este hombre encarnaba perfectamente al sueño americano. No al de los años 50, del padre ejecutivo con una esposa perfecta ama de casa y dos niños rubios, sino una versión actualizada y un poquito perturbada. El sueño americano de las soluciones para todos los problemas, adicto a la auto ayuda, el buen humor a prueba de balas, el neurótico. Y asi fue que empece a mirar sus infomerciales con más atención.

Es cierto que nunca tuve el menor impulso de comprar nada de lo que él ofrecía, pero la ingenuidad de las situaciones me hacía gracia. Esto es como cuentos de hadas para grandes, siempre pensé, te comprás ese detergente y tu vida va a ser mejor. Pero Mays me conquistó con dos avisos, a cual más absurdo, que pueden ver haciendo click aqui y aqui.





El de la oficina me dio la pista de que Mays entendía la palabra sarcasmo. Y el de la familia, con la esposa e hija barbudas, que se reia de todo empezando por si mismo. Y eso es algo que me parece valioso. Lo que es más de lo que se puede decir de Michael Jackson.

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Si quieren leer más sobre Billy Mays, aquí está el obituario: http://obits.syracuse.com/obituaries/syracuse/obituary.aspx?n=billy-mays&pid=129075033 y acá la entrada de Wikipedia http://en.wikipedia.org/wiki/Billy_Mays

sábado, 27 de junio de 2009

Del cajón de los recuerdos

Hoy es el 36 aniversario del golpe de estado en Uruguay, y hace unos días estuve discutiendo las repercusiones con un minnesotano. Las repercusiones personales más que las sociales, y ahí caí en la cuenta de lo relevante que fue haber nacido en ese momento y no en otro.

Nací en 1979, en un país que vivía en dictadura militar desde 1973 y que siguió estándolo hasta 1985. Es decir que en 1985, cuando empecé el primer año escolar, la Democracia estaba de vuelta. Cabría imaginarse pues, que como en esos años de dictadura yo era muy pequeña y tenía poca idea del "mundo exterior", la dictadura no influyó demasiado en mi vida de entonces. Sin embargo, el régimen militar explica muchas cosas de mi infancia. Convicciones exóticas, hábitos inusuales... cosas raras.


Primeramente, nací en una época de recambio generacional. Las tías viejas se murieron todas de golpe, mientras que otros miembros de la familia más jóvenes hacían las valijas y marchaban exiliados a tierras del norte. Por esta razón mis padres, que al día de hoy no sé muy bien por qué prefirieron malo conocido que bueno por conocer, se quedaron con muchos objetos personales de aquellos que ya no estaban.

Entonces la casa de mi infancia tenía televisores en varios cuartos, aunque casi no mirábamos (ni tampoco había mucho para mirar). También había cajas con ropa de todos los talles y colores, a la que mi madre acudía cuando necesitábamos algo, para vestirnos o para disfrazarnos en una tarde aburrida de domingo. Había una biblioteca que llevaría una vida recopilar (la llevó), y había juegos de platos como para invitar a comer a un batallón, aunque nunca invitábamos a nadie... porque no quedaba mucha gente a la que invitar.


Los que habían muerto recientemente y los que se habían ido formaban parte de las conversaciones de todos los días, y yo no entendía la diferencia entre unos y otros. "Esto era de Mamama"... "esto era de la tía Paula" Así conocí la muerte. Era como irse muy lejos. Pero algunos no mandaban cartas, y mamá se ponía triste cuando hablaba de ellos.

Esta estrecha relación con los ausentes tuvo otra faceta. Los que estaban exiliados mandaban cartas, mandaban fotos... y mandaban regalos. Creí firmemente, con una solidez que yo no podría transmitirle a nadie, que Papá Noel y los Reyes Magos existían. ¡Si a los abuelos yo tampoco los había visto nunca y me mandaban regalos para mi cumpleaños! Y los tíos de Suecia mandaban fotos donde había nieve, como las postales de Papá Noel. Todo encajaba perfectamente. Bueno, casi todo.


Creía ciegamente que los Reyes Magos vivían cerca de las Tres Marías, Papá Noel vivía atrás de un edificio en Garibaldi (otro día les cuento), y mi abuela Ana vivía en la Oficina de Correo de San Martín y Vilardebó. Seguro que vivía allí, porque era donde nos dejaba cosas para que fuéramos a buscar, o desde donde la llamábamos, en la oficina de Antel justito al lado.


Durante la dictadura, mis padres estuvieron destituidos de sus cargos y sobrevivieron realizando trabajos diversos. Por eso la polenta y los fideos con tuco eran un menú habitual en nuestros platos. Le tengo un afecto muy especial a la polenta y a los fideos de paquete, y muy especialmente a las comidas que tienen fideos de varios tipos, legumbres dicotiledóneas (los porotos y las lentejas son lo más), algo parecido a tomate y un lejano rastro de proteína animal. Comí mucho de eso, con un Toblerone de postre, mandado por la abuela. Recién de grande me dí cuenta de lo absurdo de la situación... ¡vivir a polenta y chocolate suizo!

Otra huella de la dictadura, ésta en mi subconciente, es mi asociación de ideas al escuchar la marcha militar de los comunicados de las FFAA: pienso inmediatamente en... la Pantera Rosa. Es que el comunicado venía justo después de la Pantera y antes del informativo. Conversándolo con otra gente de mi edad o un poquito mayores, todos nos acordamos.

Mi madre siempre recuerda que yo ansiaba aprender a leer, y que aprendí las letras muy rápido. El problema fue que lo primero que recuerdo haber leído en voz alta, por la calle, fue una pintada que decía "PIT-CNT" y a mi madre diciendo, shhh, ¡éso está prohibido decirlo en voz alta! No se podía decir cola, caca, pichí ni pitceneté.


En 1985, cuando aprendí a leer y finalmente pude leer los libros que quise, cuando reabrieron Canal 5 y miré programas de TransTel todas las tardes mientras merendaba, cuando se pudo decir pitceneté, rocanroll y viva Wilson, y mi madre nos compró una cometa con los colores frenteamplistas en el comité de base de esquina, ahí, justo ahí, conocí a toda mi familia. A mis abuelos, mis tías, mis primos, a los tíos de Suecia con el hijo del que mis padres tenían tantas fotos y cuentos... todos llegaron en aquel eufórico 1985.

Ah... qué anodina hubiera sido mi infancia si no hubiera sido por los milicos...

domingo, 14 de junio de 2009

Llegó el verano

Algunos días hace más calor que otros, pero sin duda que el verano minnesotano ya está acá. Más que el calor, hay tres cosas que definen al verano minnesotano:

1. Que no hace frío (digamos, nada de bajo ceros).

2. Que hay luz de sol hasta las 9.30 pm.

3. La fruta en el supermercado.


En esta foto: cerezas, frutillas, bananas, naranjas y frambuesas. Una delicia.

sábado, 30 de mayo de 2009

Ronda de titulares


De vez en cuando pasan algunas cosas que hace valer la pena leer el diario. Noticias interesantes, inusuales, de esas que tal vez sirven en un taller literario para empezar un cuento. O en mi caso, una simple lista de las tres mejores de los últimos tiempos.

Conductor es acusado de manejar ebrio y recibe la multa máxima. Hasta ahí todo bien. Lo curioso es que el individuo, que estaba totalmente alcoholizado, estaba atrás del volante... durmiendo plácidamente en el estacionamiento de su edificio. Pero como estaba en posesión de las llaves del vehículo, la autoridad competente entendió que potencialmente podía manejar, o que seguramente había llegado desde el bar manejando en plena curda, y por eso había que multarlo. Mirá vos.

El número ganador de la lotería PowerBall, por valor 232 millones de dólares fue vendido en Dakota del Sur
. ¿Y qué? Que el pueblo donde vive el ganador se llama... ¡Winner! ¡Qué maravilla!

Y ahora, mi preferida.

Minneapolis menos masculina que 17 otras ciudades de Estados Unidos. ¿Según quién? Un estudio financiado por un fabricante de galletitas reveló un ranking del nivel de masculinidad de las 50 ciudades más pobladas de Estados Unidos. Aunque no se revela en ningún lugar el criterio exacto, el sitio aclara que "se tomó en cuenta el número de equipos deportivos de las ligas mayores (basketball, baseball, football, hockey), popularidad de herramientas y hardware, la frecuencia de carreras de Monster Truck (esto), la preferencia de autos de fabricación americana a europeos o asiáticos, número de bares deportivos y parrilladas existentes en la ciudad en cuestión. Las ciudades también pierden puntos por características afeminadas como abundancia de casas de decoración y amoblamiento, ventas de camionetas y suscripción a revistas de belleza".

Algunos resultados importantes:

-- Nashville es la Meca de la masculinidad. Con alto número de fans de las carreras de NASCAR, popularidad de la caza y la pesca, y concentración de parrilladas, la Music City no comparte la cúspide de la virilidad con nadie más.
-- A pesar de un alto índice en la categoría "bowling", New York City está en el puesto 50 (de 50) por marcas bajas en indicadores varolines como "pescar" o "mejoras hogareñas".
-- Si está en el Midwest y quiere disfrutar un partido con una bebida fresca, vaya a Saint Louis (Missouri), que tiene la concentración más alta de bares deportivos del país.
--Grand Rapids, Michigan, tiene más carreras de Monster Trucks per capita que cualquier otra ciudad norteamericana.
-- Filadelfia y Chicago no llegaron a los primeros 25 puestos por los puntajes bajos en "cazar".
-- Oklahoma City es donde se venden mayor cantidad de las galletitas que promocionaron el estudio.
-- ¿Tiene motosierra? ¿Y martillo y taladro? Los hombres de New Orleans sí. La ciudad "Big Easy" tiene más ferreterías per capita que cualquier otra ciudad de Estados Unidos.

Lo que más me gustó fueron las repercusiones en Minneapolis, muy graciosas. Pueden leerlo acá.

Pero básicamente, me parece una estupidez, aunque admito que me reí por 3 semanas.
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Foto del barquito, tomada de acá.

jueves, 28 de mayo de 2009

De aquí y de allá

Comentarios y cosas sueltas, que escuché o de mi propia cosecha.

No creas en todo lo que piensas. (Autoadhesivo en paragolpes de un auto).

La prueba fundamental de que el hockey es un deporte de hombres es que en el entretiempo hay una cola de 20 metros para entrar al baño de hombres, y ninguna para el de mujeres. (Brian Moore, Chicago Tribune).

Hasta hace 15 años atrás, los lentes redonditos eran estilo John Lennon; en los últimos 10 años son estilo Harry Potter.

La nieve está sobrevaluada. (¿Qué, la nieve tiene acciones en la Bolsa?)

La danza de la lluvia que hice hace 3 meses dio resultados. ¡La nueva compañera de laboratorio es una francesa despampanante!

En Minnesota en invierno, cuando uno para en el semáforo puede ver que en el auto de al lado los viajeros van en manga corta y comiendo helado. En verano, no.

Dakota del Norte es al norte de las grandes praderas, por eso dicen que el árbol oficial del estado es el poste de teléfonos. El pájaro oficial de Minnesota debería ser el mosquito.

En Minnesota nos gusta tanto el hockey que deberíamos ser parte de Canadá. (Un minnesotano que conocí hace poco).

domingo, 17 de mayo de 2009

Visita a Chicago, parte 2

Viene de http://fefoyjulia.blogspot.com/2009/05/visita-chicago-parte-1.html

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Durante el segundo día de nuestra visita, los viajeros demostraron que no están tan de cuento y nos llevaron a nosotros. Que eso de que quieren conocer la arquitectura no es puro verso. Un poco de verso puede ser, pero no totalmente.

Visitamos el Illinois Institute of Technology, por sus edificios, obviamente.

Nos asombramos reverencialmente frente a la obra de Mies van der Rohe.


Me dio la impresión de que Rohe tuvo muchos hijos en Uruguay. Todo, lo más viejo y lo más nuevo, tenía un aire sospechosamente familiar.

Adentro del pabellón estaban organizando una exposición, y como parece ser la norma, nadie nos preguntó nada.


Así que nos sacamos fotos a piacere.

Después visitamos el Centro Estudiantil. Además de exhibir interesantísimos detalles de diseño y arquitectura, la cantina vendía comida muy buena y nos rompimos la boca con unas double cheeseburgers.

Mostrando la hilacha, ¿moi?


Después fuimos caminando hasta el estadio de los White Sox, el equipo de baseball de la ciudad, pero estaba cerradísimo. No nos detuvimos a derramar lágrimas y seguimos hacia el campus de la University of Chicago.

Concretamente a mí me interesaba ver la Robie House, de Frank Lloyd Wright.


Fefo por lo visto no quedó muy impresionado, porque él tenía la cámara y no sacó ninguna foto. Igual, ni que fuéramos a sacar la foto única... En fin. Los tours son sólo en fin de semana, así que cuando vuelva a Chicago, truene, llueva o la gente quiera hacer otra cosa, yo me voy a visitar la Robie House. Y también, o sea que fuimos a ver una casa cerrada.

Visitamos otros edificios de la UC, sobre los cuales los contertulios nos ilustraron profusamente, y fue un paseo muy agradable.

Después nos fuimos del campus universitario y volvimos a la civilización, perdón, a la Magnificent Mile donde hicimos algunas compras indispensables (ejem).


A las 9.30 de la noche nos despedimos, fuimos a la terminal, nos subimos al ómnibus y a las 6 del día siguiente llegamos a Minneapolis.

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De las ciudades que visité hasta ahora, Chicago es la única que logra asombrarme con su perfil. Chicago es, en sí, un romance de hormigón, vidrio y acero... lo que en otro lugar me parece grotesco o frío, aquí es la norma, es lo correcto, lo que había que hacer. Es Chicago.

Nuestras fotos del paseo están en http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/ChicagoConElGrupoDeViajeDeArquitecturaDelMati#

Visita a Chicago, parte 1

Visitamos Chicago el 11 y 12 de mayo pasados, es decir, el lunes y martes pasados.

Pensé en comenzar la crónica diciendo "El futuro del transporte colectivo por carretera: Odio viajar 8 horas en ómnibus y hacer de cuenta que además descansé", pero me pareció muy mala onda. Olvidemos la parte de llegar y de irnos, y repasemos el resto porque estuvo muy bueno.

Fuimos esos días y no otros para encontrarnos con Matías, que está con el Grupo de Viaje de Arquitectura. Años ha tuve la fantasía de ir en el Viaje de Arquitectura, y esto me vino como anillo al dedo... suficiente para probar, pero sin los sinsabores ni la venta de rifas. ¿No es genial?

El primer día se suponía que nosotros teníamos que hacer de guías. ¡Nosotros! Pobre gente, la del grupo de viaje... porque si bien nosotros ya estuvimos una vez en Chicago (también dos días nada más), vamos con otra tesitura, especialmente en lo que respecta a manejar dinero. Chicago sorprende porque la comida es carísima pero la ropa es muy barata (comparado con Minneapolis). Muy diplomáticos expresamos disidencias y acuerdos, y anduvimos todos juntos cuando estábamos de acuerdo y nos separamos cuando estuvimos en desacuerdo.

A Matías nos pegamos como una lapa. Con acuerdo o sin él, nos tuvo que aguantar. Para su felicidad, sólo estuvimos dos días.

El lunes nos bajamos del ómnibus, fuimos a desayunar a un lugar típico y marchamos al hotel. Allí nos dejaron ocupar la habitación aunque era muy temprano, nos encontramos con Matías y el grupo, y salimos a caminar.

La primera parada, el Millennium Park. La habichuela gigante es maravillosa, creo que nunca me voy a aburrir de mirarla y sacarle fotos.


Después seguimos caminando por ahí, fuimos a la ribera del río Chicago, visitamos el Memorial de la Guerra de Vietnam de la ciudad de Chicago, fuimos a comer al centro, después seguimos caminando por la calle donde hay más comercios (llamada "Magnificent mile"), seguimos hasta el Lago Michigan y descansamos en su playa, seguimos por esa rambla y volvimos al hotel.


Gastamos los zapatos, ¿eh?

A la noche yo instigué para ir a ver un partido de hockey sobre hielo. El equipo local, los Chicago Blackhawks se medía contra los Canucks de Vancouver en el 6to encuentro de la 2da ronda de playoffs en el United Center (el mismo de este post). Si Chicago ganaba esa noche iba a ganar la serie y pasar a semifinales (por primera vez en mucho tiempo parece ser), así que la tensión se palpaba en el ambiente.

Patrañas, había unos cuantos ciudadanos sueltos portando jerseys oficiales del equipo, pero no eran ni tanto.

Obviamente que poder ir al United Center hubiera sido lo máximo, pero me imaginé que las entradas estarían seguro por arriba de los 100 dólares (y por ahora el fanatismo no me da para tanto), pero lo segundo mejor es ir a un bar con muchos televisores pasando partidos. ¿El mejor? ESPN Zone, un lugar donde hay televisores ¡hasta en el baño!

En el baño ví el 5to gol que los Hawks le metieron a Luongo, el golero de los Canucks.

Experiencia bizarra si las hay, pero prefiero no profundizar.

Yo en realidad hubiera preferido que ganara Vancouver (mis preferencias en hockey ni yo me las explico), pero ya que estábamos en Chicago y esta victoria significaba mucho para ese equipo, celebramos ruidosamente la victoria de los locales 7-5.

continúa en http://fefoyjulia.blogspot.com/2009/05/visita-chicago-parte-2.html

viernes, 15 de mayo de 2009

Palabras ajenas


A veces recibo respuestas tan, pero tan buenas a los posts de este blog que me parece un crimen no compartirlas. Acá va, un pequeño compendio de las mejores respuestas de los últimos meses.


Versión 3.0

En ese mapa de la isla de la fantasía que es el futuro imaginado por un joven, yo esperaba que EL NÚMERO fuera 40, el de los replanteos, el de ser irremediablemente vieja, el de la cuesta abajo, el día que empieza la segunda mitad de la vida. Todavía no llegó pero me permito dudar de tanta rotundidad, y sobre todo de tanta falta debacle.
Los 30 me sorprendieron, en lo interno, con eso que te contaba, como si tuviera que renovar un plazo fijo, de aquí a otros 30. Eso por un lado, pero también la maternidad, las cuentas, la casa, (...) la carrera, (...) la vocación, tener que pensar comidas nutritivas, elegir productos de limpieza, leer, la pareja, la amistad, pensar en el futuro, la salud, la ortodoncia, el bienestar, la calefacción, la ventilación , la perra, la gata, las plantas, el talle, los kilos (de más, siempre)... es decir una larga, caótica y sinsentido lista e responsabilidades cuyo orden es bastante aleatorio, y cambia día a día. Inevitablemente los hijos se llevan la mayoría de los items tickeados.

En fin, como dije antes, también tienen su lado luminoso. Fundamentalmente entender que sos una persona, limitada, sí, pero acabada nunca.

Vagabundeando por los pasillos de la biblioteca barrial encontré un libro "Organice su propia fiesta"(...)

No te sientas herida por lo que te voy a decir, pero mi capítulo preferido de Bob Esponja es uno en el que organiza una fiesta siguiendo las instrucciones de un libro, y la fiesta está tan buena que los invitados echan a Bob, trancan la puerta y siguen celebrando sin él. Tu mail me hizo acordar mucho.


Chinatown


Porque si yo me encontrara con Nicholas Cage, no le diría que me parece un banana y que sus buenas películas son su excepción.

Si yo me encontrara con Nicolas Cage, haría lo que vos: me declararía su admirador y le pediría un autógrafo, a pesar de que ha ido evolucionando desde su aspecto "joven vulnerable" del comienzo a su aspecto "viejo idiota" del presente.


New York Public Library


Lo mas extraño de la visita fue esperar sentir el olor, creo que mezcla de Chanel 5 y naftalina que emergia de los roperos de Maria Julia cuando con mi hermana, furtivamente, los abriamos para acariciar las mangas de los abrigos y cerrarlos inmediatamente.

Me gustó mucho esa recuperación de las sensaciones olfativas y visuales del apto. de María Julia: las revivía a medida que las leía. Nunca las había analizado específicamente.


Strawberry fields, forever

A esta altura a mí no me cabe duda que Yoko Ono es una artista, y su mayor obra es John Lennon.

Me parece brillante eso de que es una construcción artística de Yoko, algo así como una "instalación". Principalmente al recordar que John no era para nada el Beatle más respetado: Paul parecía mejor músico, y George mejor guitarrista. John parecía tener ascendiente personal sobre el grupo (y por eso se lo consideraba algo así como "el director" de la banda) pero sus composiciones, medio desprolijas como "La balada de John y Yoko", "Revolution", y sus excentricidades como eso de pasarse unas semanas acostado "por la paz mundial" sonaban a "desesperado intento por recuperar notoriedad". Recien pareció que encontraba un rumbo musical cuando grabó "Imagine", pero después como pasa con todas las canciones de exito, pasó de moda y dejó de escucharse. Yoko (siempre aparece Yoko) la reinventó después con la película y desde allí se volvió emblemática.
Creo que para Yoko, la muerte de John le permitió trabajar su creación con un material más dócil que ya no inventaría ninguna locura nueva y no la obligaría a repensar en conjunto toda la construcción. Pero es demasiada maldad de mi parte. Sería como inventar un diálogo entre Yoko y un fanático que quería un autógrafo de John: "Volvemos más tarde; espérenos. Por favor: no olvide traer revólver"
(Para darle otra vuelta semántica: tal vez Yoko se referiría al album "Revolver" (1966), uno de los primeros ejercicios experimentales del cuarteto.)


Filadelfia no se termina hasta que se termina


Será que Rocky Balboa me importa un bledo y creo que nunca ví ninguna de sus películas enteras.

Pobrecito Rocky.
Yo tampoco vi una completa, pero siempre que pasan una sinopsis está todo roto y sangrante. ¡Puaj!
Y encima, la esposa (una de las de verdad) se le fue con...una novia (de ella)
Santito y cornucopio.


Hello = hola, y otras traducciones

Acá va mi lado de la milanesa:

Pesos Mexicanos, Colones, Quetzales, Pesos Uruguayos, Dólares.....
- ¿Y eso cuánto vale?
- 35 quetzales (guatemaltecos)
- Ah, ¿y esto otro?
- 15 pesos (pesos de cuáles)

En Costa Rica una casa te cuesta en millones de colones, cifras que jamás he podido cuantificar porque nunca tengo una calculadora a mano para dividir por módicos 550 (aproximados, para hacer rápido las cuentas), igual que los precios de los autos.

En México todo es trucho, ¡hasta lo auténtico! Antes era muy fácil porque el dólar estaba más o menos como a 10, pero ahora que está a 13...
Ni te digo lo difícil que es con el idioma, saber dónde se dice güey, donde mae, donde vo, donde ché... ¡Es un dolor de cabeza!
Y lo más difícil, manejar un auto importado de EEUU que mide en millas y los carteles de la carretera indicando límites en Km/h.

Kiosko bélico


(este comentario lo pueden leer en la propia página, pero no quiero dejar pasarlo)

Esa es una peculiaridad de la cultura norteamericana. Para ellos la guerra es una cosa "de soldados". La Guerra es una cosa a la que los soldados van, y sucede en Otro Lugar. Cruzando algún oceano. Por eso tiene sentido el muro con los nombres de los muertos en la Guerra de Vietnam: hay una lista de los que fueron, y hay otra de los que volvieron. Y todos eran soldados, y sabían que "no volver" era una posibilidad. Y los traumas de la guerra son exclusividad de soldados, también (yo estuve allí, etc.)
Ahora, para los pueblos que sufrieron la guerra en carne, o tierra, propia, la guerra es una cosa de civiles, por que esos son los que más mueren y sufren. No van a la guerra, la guerra va a ellos. Cuando mueren nadie les pasa lista. Y cuando un B-52 pasa, los muertos no se miden en personas sino en familias. De paso, el "Rolling Thunder" que menciona el afiche en el quiosco (junto con un aguila con alas de fuego y una moto tuneada) fue una campaña de bombardeo estratégico que duro 3 años. Si en Vietnam hay un muro, seguro que no tiene una lista de nombres, porque eso es fisicamente imposible. Si la guerra es en tu ciudad, podes morirte vos y todos los que te conocen, una forma de desvanecerse en la nada. Tal vez tengan una lista de aldeas, no se.


Una de ficción

Creo que a esta altura de mi vida hace tiempo que estoy instalado en esa posición de "no seré el próximo Cartier-Bresson", así que ya no pretendo fotos artísticas ni cosa que se parezca. Creo que hay un malentendido con la fotografía, que se ha agudizado en estos tiempos de imágenes digitales: el hecho de que haya una imagen ha llevado a pensar que debe ser un "arte visual", y algunos pocos han desarrollado esa cualidad. Se me ocurre que si la pintura (es decir, el líquido coloreado) hubiera surgido hace un siglo, todavía habría gente que confundiría el hecho de pintar un cuadro con el de pintar una pared.
Para mi, el tema es poder materializar un momento del transcurrir, que involucra a gente que uno quiere y la detiene en un momento que después uno quiere recordar. El secreto (el "instinto del instante", como dicen los franceses) es capturar un momento que pueda resumir la situación. Era mi obsesión (...), y ahora al mirar las fotos veo que pocas veces lo logré porque casi no encuentro el impacto del momento en que las tomé. Igual no descartaría ni una, porque valoro todos esos momentos y si no los hubiera fotografiado, ya los habría olvidado.
Creo que eso es en definitiva lo importante. Cuando uno saca una foto, no le está legando nada a la humanidad, simplemente está construyendo su propia memoria de la relación con otras personas; y entonces no importa si la foto no es muy correcta, porque eso también forma parte del material con el que se construyen los recuerdos.

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Lo que más me gusta de escribir un blog es leer los comentarios y repercusiones.

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