Me traen bastante sin cuidado los partidos de fútbol, pero al ver los penales de España - Italia (comentados en japonés), y los golazos que España le metió a Rusia (Fefo me contactó cuando iban 2-0 y me enganché hasta el final), dije en voz alta: ¡esta final contra Alemania no me la pierdo!. Revisé mis horarios y deje libre el domingo a partir de la 1 pm, hora local a la que empezaba el partido.
Los españoles que conocemos habian acordado mirar la final en un pub inglés del centro de la ciudad, y alli marchamos despues de comer. El pub es enorme y estaba lleno, llenísimo de gente con camisetas de España, de Alemania, de equipos de fútbol de algun lugar, de David Beckham, de Zinedine Zidane, con toros, con escudos de estados alemanes, con bufandas, boinas, y vasos de cerveza en la mano. El pub tiene varios ambientes, y en cada uno de ellos habia varios televisores y un mar de gente fluyendo, mirando en distintas direcciones (segun la pantalla que le quedara más cercana). La tribuna palpitaba y alli, juntos y entreverados, estabamos nosotros, junto con neófitos del deporte, veteranos, mozos luchando por entregar los pedidos y algunos espectadores que probablemente no entenderian por que en el futbol no hay 22 pelotas ya que son 22 jugadores, pero creerian que era una buena oportunidad para conseguir un novio extranjero.
El partido lo habran visto, con ese gol tan bonito del Niño Torres en el minuto 33 y las atajadas monumentales de Lehmann y Casillas, así que ¿para qué contar más? Los españoles aullaron con el gol, con el replay, y por tercera vez cuando mostraron a los Reyes festejando.

A decir verdad, nuestros amigos no se animaban a dar el partido por ganado hasta el minuto 90 y los alemanes lo pasaron bastante mal durante todo el partido. Spain scored 3 against Russia, that's shit! nos dijo un alemán que se lo tomaba con filosofia y bastante Heineken.

A mi no me enloquece el futbol, pero habia algo realmente fascinante en este partido. En las pantallas, porque fue un partidazo que renovó mi fe en el fútbol de elite, aniquilada por el juego efectivo con el que Italia ganó el Mundial y Alemania llegó a esta final. Renovó mi esperanza en las selecciones perdedoras, como España hasta anteayer y Uruguay desde hace tanto tiempo, de ver que se puede jugar un fútbol bueno, lindo y ganador.

Y de este lado de la pantalla, una vez más me maravilla presenciar la fiesta de los hinchas. No es felicidad o tristeza, o ningún sentimiento del abanico que habitualmente exhiben las personas civilizadas, sino es algo primigenio y bárbaro. Y si no se transforma en violencia, también es muy divertido. Más fotos del pub, acá.

