
Para quien no la conoce, Julia Child es una cocinera que publicó un libro de cocina importantísimo, Mastering the Art of French Cooking (equivalente cultural del Libro del Crandon). Fue publicado por primera vez en 1961 y tiene un enfoque novedosísimo para la época: cuisine française para las amas de casa americanas, presentando recetas lo suficientemente sofisticadas como para prescindir de latas y prefabricados, y al mismo tiempo lo suficientemente simples como para poder ser realizadas por una sola persona en un lapso de tiempo razonable.
El argumento de la película va de una mujer, casualmente también llamada Julia, que decide un día cocinar todas y cada una de las recetas del Mastering the Art... y lleva un blog al respecto.
La película, entonces, transcurre en el pasado, en los años 50 cuando Julia Child se encuentra en París, viviendo con su marido y sin mucho para hacer, y cómo va gestando la idea del libro de cocina. Intercalado, transcurre en el año 2002, Julia Powell trabaja en un call center, no le entusiasma mucho su trabajo y se fija una meta, casi al azar. El paralelismo entre ambas historias es muy interesante y en mi opinión, la película es muy disfrutable.
Ahora bien.
La película me pareció mucho más que disfrutable. En determinado momento, tengo que confesar que me erizó el pelo de la nuca. Me pareció que al paralelismo de esas dos Julias, le podíamos agregar un tercer paralelismo con esta que escribe acá, y no sólo en el nombre.
Las dos mujeres estaban casadas hacía tiempo, y en el momento en que transcurre la historia tampoco tenían hijos. Una de ellas trabajaba en un call center luchando por conservar la cordura y hacer las cosas bien, mientras que la otra vivía en el extranjero con su marido, cuyo trabajo lo obligaba a establecerse por temporadas largas en distintas ciudades. Una de ellas sueña con mudarse a una casa más grande y lo logra, al principio de la película, mudándose a un apartamento de los años 50's (como el nuestro de Minneapolis, hasta los placares de la cocina eran idénticos). La otra pasa un tiempo largo boyando en una ciudad extraña, tratando de entender a los locales y rebotando una y otra vez en empresas desmotivantes. Una de ellas cumple 30 años, y recibe de su marido un collar de perlas (yo cumplí 30 hace poco y recibí de mi familia política caravanas y pulsera), la otra conoce gente en su nueva ciudad y nuevo idioma y establece amistades. Las dos reciben apoyo incondicional de sus maridos, para aprender a cocinar aunque en la escuela de cocina sólo haya chefs hombres o para abrir un blog y dedicarse a escribir.
Yo no diría que esta película me cambió la existencia, pero pasé un buen rato. Ya conocía los libros de Julia Child y de hecho, ¡hasta cociné una vez una receta suya! Fue para Navidad, unas verduras horneadas que quedaron muy bien (una de las comensales me llamó después para pedirme la receta y todo). Aún así, de paseo en una librería curioseando en la sección culinaria, me detuve a hojear el libro en cuestión,

Era pesado, y tiene unos dibujos que me recuerdan, una vez más, al Libro de Cocina del Instituto Crandon. La verdad es que la cuisine no es lo mío.
Pero justo abajo, estaba éste otro:

Ah bueno. Un libro que no es de recetas, sino de técnicas y procedimientos. Hervir, rostizar, saltar, hornear, a la plancha, al vapor... un sólo ingrediente básico y 5 ó 6 formas básicas de preparación. Este libro se vino conmigo, y la verdad es que me parece una maravilla.
Mercei bouquiúp, Madame Child!