Está terminando noviembre, nuestro décimo mes en Minnesota, y no hemos actualizado el blog con material original. ¡Qué vergüenza! Ejem. Así que mejor que nada, apelaré al viejo recurso de las pequeñas noticias y partes para un solo post. Acá van:
Empezamos el mes con un veranillo de no creer. El 4 de noviembre, día de elecciones nacionales (y de muchas cosas más), salí a la calle en sandalias. Sí señor, sandalias en noviembre. Salí con la cámara pero no saqué ninguna foto, porque el furor eleccionario es muy atípico. Digamos, unos pocos están enfervorizados por todos los demás: por un lado, había gente haciendo campaña por los candidatos, y por otro lado, había mucha gente haciendo campaña por el acto eleccionario en sí. Vote! era la consigna más importante. Después, vote algo, lo que nos interesa a nosotros. Fui a Saint Paul, recorrí bastante y ví gente muy variada. Pero no saqué ninguna foto.
Esa misma noche, fuimos a ver a Bob Dylan. De todas las canciones del repertorio yo conocía 4: la segunda, "Times are a-changing" que conmovió a la multitud; "Like a rolling stone" y "Blowing in the Wind", en los bises, y "Tangled up in blues", que no reconocí y no sé cuándo pasó. Caracúlico al máximo, Bob nos dió lo que se le dió la gana (especialmente su perfil y su espalda), y yo no lo podía creer cuando en un exceso de afabilidad nos dijo el nombre de los músicos de la banda. También dijo otras palabras, pero yo no entendí nada.
A la salida del teatro (que está en pleno campus), había un montón de gente agitando. Había música de tambores (los tambores yo no los ví, sería un mp3 que alguien tendría en su iPod), y gente saltando. O-ba-ma, y Yes-we-can. Nos acercamos y yo brinqué hasta que empezaron con iú-es-éy (U-S-A) y ahí, entendí que mejor me alejaba. Suponiendo que alguien saldría con el support-our-troops (aliente a nuestras tropas, la forma más hipócrita de justificar lo injustificable), decidimos que mejor nos íbamos a casa, buscábamos el auto y salíamos a documentar los festejos.
La venta de pirotecnia está prohibida en Minnesota (hay que ir a Wisconsin, donde también venden alcohol los domingos y otras locuras del estilo), así que no había ni una bengalita. Nada. Un par de borrachos, alguno en euforia descontrolada corriendo en chancletas por ahí, y punto. Fin de la fiesta. Gente rara, esta. O reservada. Vaya uno a saber.
El miércoles levantó un viento bárbaro y para el jueves ya no había ni rastros del veranillo, ni la fiebre pre-electoral, y ya la mayoría había retirado los carteles del porche de la casa. Los noticieros insistieron persiguiendo a Obama un poco más, en Minnesota empezó un recuento de votos para senador que todavía no sé si terminó, y Sarah volvió a Alaska. Asunto terminado.
El precio de la nafta está bajísimo, Fefo dice que es por la ley de mercado, porque ahora la gente consume mucho menos, y yo digo que es una treta del gobierno republicano para estropearle los primeros días a Obama cuando asuma (cuando el precio vuelva a ser el real). Veremos. Se oyen apuestas.
El lunes 10 dí el examen de conducir y aprobé, así que ahora soy una conductora legal en el territorio minnesotano y en los territorios con acuerdos bilaterales de permisos de conducir (los otros 50 y Puerto Rico, bah!). Hoy me llegó la tarjeta por correo. Dos anécdotas al respecto: tenía cita para las 8.40 y llegamos a las 8.20, pero tuvimos que esperar más de dos horas hasta que hubiera un examinador libre. ¿La razón? Que si uno llega a las 5 am, lo atienden en orden de llegada aunque no tenga cita. Por supuesto que me enojaría si no fuera porque (excepto Fefo) todos los conductores uruguayos obtuvieron su libreta así, pegando un madrugón un día cualquiera y dando el examen a primera hora. Durante el examen me mandé un par de cagadas a continuación de las que dije "Ops", y gracias a que no me mandé ninguna imperdonable y a esos "Ops", el examinador me dijo que precisaba práctica pero que me daba cuenta de los errores que cometía. Además vio que el seguro del auto estaba a mi nombre, y también me vio cara de señora, seguro. Si tuviera 16 en vez de 29 no pasaba, con los atropellos a las banderitas rojas... ejem, en fin. Asunto olvidado, también. Ahora solamente resta aprender a manejar sobre nieve, jerejejé.
La semana pasada fue la Semana de Educación Internacional, y la biblioteca donde estoy haciendo la pasantía organizó una feria de servicios. Yo estuve en la parte de búsqueda de artículos y de libros; aunque la planearon por meses resultó que el salón elegido no tenía una buena conexión a internet, era imposible acceder a las bases de datos, los visitantes nos miraban con cara de paparulos (probablemente pensando, ¿y estos paparulos pretenden que nosotros usemos más la biblioteca ahora?), pero por arte de magia y buena voluntad, creo que el resultado es positivo. Claro!, cómo no va a ser positivo si cada vez qeu terminaba le decía a mi interlocutor: en caso de duda, pregúntele a un bibliotecario, mostrándole la nómina de cada bibliotecario y su tema de especialización. Los estudiantes, re contentos. Los bibliotecarios al recibir un aluvión de preguntas de principiante, no sé si tanto. Como todo acá, tenía light refreshments, o sea, coca-cola y golosinas para todos. Así no puede fallar.
Fefo fue a ver un partido de la NBA, cómo los Boston Celtics humillaban a los locales TimberWolves, y rompió la chancha y fue a ver a AC-DC, unos rockeros australianos con un par de canciones que seguríiiisimo conocen. Acorde a mi tendencia, me abstuve de presenciar cualquiera de ambos espectáculos. Por más datos o comentarios... pregúntenle a él.
Esta semana solo tuvo 3 días hábiles porque incluye al 4to jueves de noviembre, el que siempre es Thanksgiving, Día de Acción de Gracias. La tradición cuenta que los primeros colonos no entendían nada y casi se mueren de hambre, entonces unos indios que andaban por ahí les dio lástima y les explicaron a estos gilastrunes qué había que plantar y cuál era el calendario para cada cosa. Los salvajes de taparrabos fueron tan claros y persuasivos que los colonos, por más que traían su propia religión, entendieron que al final de la cosecha había que dar gracias a las deidades de la tierra y no tuvieron prurito alguno en adoptar esta actividad tan pagana y transformarla en la primera tradición netamente americana. Por supuesto que después de engordar con las cosechas y mandar llamar a los primos de Europa, exterminaron a estos indios y les expropiaron las tierras, por salvajes y por paganos.
Oh, lovely Thanksgiving! Fuimos a la casa de Pati y Nacho (y Joaquín!) y las calles estaban desiertas. Los únicos que andábamos por ahí teníamos cara de extranjeros, los únicos negocios abiertos eran "Sosa Foods", "Arabian Nights" y "Lucky chinese dragon". El centro montevideano un primero de enero de calor era un jolgorio al lado de esto. Como diría Nacho, más cerrado que culo de muñeco.
También este jueves fue nuestro quinto aniversario de casamiento, que casualmente también fue jueves (ergo, también fue en Thanksgiving!). Suerte que nos casamos en Uruguay porque acá hubiera sido la muerte en monopatín. Y en el menú sólo habríamos tenido pavo, zapallos y choclos. Yummi - yummi!
El día posterior a Thanksgiving da inicio oficial a la temporada navideña, es decir, cuando los negocios empiezan a vender mismo pensando en la Navidad y la TV aturulla con tanto aviso de Fisher-Price y Macy's. Este día, feriado para la mayoría de los mortales, se llama Black Friday porque los negocios ponen sus números rojos en negro. Las ofertas son increíbles, tipo hasta un 65% de descuento en chiches de última generación, y ta, todas las cadenas se suben al carro de los descuentos. Un sólo día, abren a las 6, 5 ó 4 am y una horda embravecida entra a sacarle sangre a la tarjeta de crédito y olvidar la hipoteca por un rato.
Según leí en las noticias un empleado de Wal-Mart murió aplastado por los clientes. Pobre tipo. Morir aplastado por un montón de imbéciles es terrible en cualquier circunstancia, pero siendo empleado temporario de un lugar tan patético como Wal-Mart, es el fondo de la olla. No concibo cosa peor, pobre loco. Seguro que ni siquiera le pagan un féretro al infeliz, ni le tiran unos mangos a la familia como resarcimiento.
Les mentiría si les dijera que no pensé en aprovechar las ofertas de este black friday pero me da pereza ir a chupar frío y hacer colas interminables para comprar algo que lo más seguro no me pueda llevar conmigo cuando vuelva. Como el día estaba lindo y apacible, nos fuimos a Minnehaha Falls, a observar la cascadita a medio congelar, y sacamos algunas fotos. Me prometí volver en enero o febrero, para verla congelada del todo.
Estas semanas transcurrieron como las anteriores, con un par de nevadas sin importancia y sin mucho más que decir. Los sábados vamos al Recreational Sports Center (en mi barrio le decíamos "club"), los domingos vamos a algún museo, los lunes voy a buscar a Joaquín al jardín de infantes a mediodía y me quedo con él hasta las 4, los martes aprendo alemán, los miércoles miro tv. Mandamos tarjetas para felicitar por nacimientos, cumpleaños y aniversarios, nos juntamos con los mismos uruguayos que habrán visto una y otra vez en nuestras fotos, preparamos los papeles para quedarnos un tiempo más, y vemos por la ventana cómo pasa el tiempo.
¿Pasa, dije? Vuela.
Vean nuestras fotos en http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi
sábado, 29 de noviembre de 2008
viernes, 7 de noviembre de 2008
Ahora las cosas van a cambiar
El martes 4 de noviembre a las 8 de la noche mientras contaban los votos, Bob Dylan tocó en el auditorio Northrop de la Universidad de Minnesota. Ahí fuimos con Julia, Ana y Juan.
Esto lo encontré hoy en Internet de alguien que también fue al concierto. Lo traduje, pero lean la original.
Bob Dylan: "Things are going to change now"
Publicado por Andrea Swensson aquí.

Nadie esperaba que Bob Dylan dijera algo durante su concierto de algo más de dos horas el martes 4 de Noviembre en el Northrop Auditorium. Durante años, Dylan se ha caracterizado por ser reservado durante sus conciertos, a veces únicamente hablando entre sus canciones para presentar a los miembros de su banda. Pero la otra otra noche, luego de un largo intermedio entre sus set usual y sus bises, donde solamente me puedo imaginar que lo dedicó a enterarse que Barack Obama había ganado la elección, Dylan volvió al escenario para tocar "Like a Rolling Stone" y luego se volvió al público y habló.
"Nací en 1941", dijo, con su rasposa voz vacilante y sentimental. "Ese fue el año que bombardearon Pearl Harbor. He estado viviendo en la oscuridad desde entonces. Ahora parece que las cosas van a cambiar".
Se volvió a su teclado y dirigió a su banda a un casi irreconocible homenaje de "Blowin' in the Wind". Durante la mayor parte del concierto, Dylan optó por mantener su voz baja y dispersa mientras medio cantaba, medio tosía las palabras al micrófono, pero al final de "Blowin' in the Wind" forzó su voz para alcanzar lo más alto del registro de la melodía original y mantuvo las palabras del estribillo lo más que pudo. Cuando su voz no lo toleró más, tomó su armónica y práctimente saltó al centro del escenario. Incluso desde mi asiento en el palco fue obvio que Dylan estaba emocionado, y ésto sólo sirvió para avivar los vítores de la multitud.
Mientras el colmado teatro se ponía de pie con aplausos y elogios, Dylan y sus músicos se alinearon al frente del escenarios para hacer una reverencia. En sus apretados pantalones de esmoquin y su sombrero de ala ancha, Dylan bailó unos pasos como una marioneta, moviendo sus dedos índices en el aire como si fueran dos armas. Fue un momento sorprendentemente carismático y para recordar, y tenía a todo el teatro rugiendo en una ovación y aplausos.
Las luces del teatro se prendieron, y nuestra atención se centró en el otro hombre de la noche. La multitud empezó a corear "O-ba-ma, O-ba-ma" al unísono mientras salíamos del teatro.
Caminando hacia el lobby, una ola de gritos de júbilo repentinamente emergió desde el vestíbulo y nos apresuramos a tomar la escalera para ver lo que sucedía. Una pantalla en el lobby mostraba los resultados de la elección: Obama ya había alcanzado los 297 votos electorales. (Se necesitan 270 para ganar, nota del traductor.)
Cada vez que una multitud de asistentes al concierto llegaba al lobby, una nueva ola de gritos, no, aullidos, emergía. La mujer a mi lado rompió en llanto. Mi padre se volvió hacia mi y me dijo: "Ganamos, finalmente ganamos". Nos dirijimos hacia afuera, y una inmensa multitud de asistentes al concierto ya estaba en el frente del teatro, bailando al ritmo de una improvisada cuerda de tambores. Los autos hacian sonar sus bocinas, la gente gritaba, y el mundo entero sentía como si hubiera dejado salir un suspiro de alivio.
Esta es la lista de temas del espectáculo. Voy a dejar que las canciones cuenten en resto de la historia. Confesión absoluta: "The Times They Are A-Changin" me hizo llorar.
Cat's in the Well
The Times They Are A-Changin'
Summer Days
This Wheel's on Fire
Tangled Up in Blue
Masters of War
Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again
John Brown
Beyond the Horizon
Highway 61 Revisited
Shooting Star (with Dylan on guitar -- another rarity)
It's All Right Ma (I'm Only Bleeding)
Under the Red Sky
Thunder on the Mountain
Ain't Talkin'
Bises:
Like a Rolling Stone
Blowin' in the Wind
Acá hay un video de los tantos que se filmaron a la salida del recital.
Esto lo encontré hoy en Internet de alguien que también fue al concierto. Lo traduje, pero lean la original.
Bob Dylan: "Things are going to change now"
Publicado por Andrea Swensson aquí.

Nadie esperaba que Bob Dylan dijera algo durante su concierto de algo más de dos horas el martes 4 de Noviembre en el Northrop Auditorium. Durante años, Dylan se ha caracterizado por ser reservado durante sus conciertos, a veces únicamente hablando entre sus canciones para presentar a los miembros de su banda. Pero la otra otra noche, luego de un largo intermedio entre sus set usual y sus bises, donde solamente me puedo imaginar que lo dedicó a enterarse que Barack Obama había ganado la elección, Dylan volvió al escenario para tocar "Like a Rolling Stone" y luego se volvió al público y habló.
"Nací en 1941", dijo, con su rasposa voz vacilante y sentimental. "Ese fue el año que bombardearon Pearl Harbor. He estado viviendo en la oscuridad desde entonces. Ahora parece que las cosas van a cambiar".
Se volvió a su teclado y dirigió a su banda a un casi irreconocible homenaje de "Blowin' in the Wind". Durante la mayor parte del concierto, Dylan optó por mantener su voz baja y dispersa mientras medio cantaba, medio tosía las palabras al micrófono, pero al final de "Blowin' in the Wind" forzó su voz para alcanzar lo más alto del registro de la melodía original y mantuvo las palabras del estribillo lo más que pudo. Cuando su voz no lo toleró más, tomó su armónica y práctimente saltó al centro del escenario. Incluso desde mi asiento en el palco fue obvio que Dylan estaba emocionado, y ésto sólo sirvió para avivar los vítores de la multitud.
Mientras el colmado teatro se ponía de pie con aplausos y elogios, Dylan y sus músicos se alinearon al frente del escenarios para hacer una reverencia. En sus apretados pantalones de esmoquin y su sombrero de ala ancha, Dylan bailó unos pasos como una marioneta, moviendo sus dedos índices en el aire como si fueran dos armas. Fue un momento sorprendentemente carismático y para recordar, y tenía a todo el teatro rugiendo en una ovación y aplausos.
Las luces del teatro se prendieron, y nuestra atención se centró en el otro hombre de la noche. La multitud empezó a corear "O-ba-ma, O-ba-ma" al unísono mientras salíamos del teatro.
Caminando hacia el lobby, una ola de gritos de júbilo repentinamente emergió desde el vestíbulo y nos apresuramos a tomar la escalera para ver lo que sucedía. Una pantalla en el lobby mostraba los resultados de la elección: Obama ya había alcanzado los 297 votos electorales. (Se necesitan 270 para ganar, nota del traductor.)
Cada vez que una multitud de asistentes al concierto llegaba al lobby, una nueva ola de gritos, no, aullidos, emergía. La mujer a mi lado rompió en llanto. Mi padre se volvió hacia mi y me dijo: "Ganamos, finalmente ganamos". Nos dirijimos hacia afuera, y una inmensa multitud de asistentes al concierto ya estaba en el frente del teatro, bailando al ritmo de una improvisada cuerda de tambores. Los autos hacian sonar sus bocinas, la gente gritaba, y el mundo entero sentía como si hubiera dejado salir un suspiro de alivio.
Esta es la lista de temas del espectáculo. Voy a dejar que las canciones cuenten en resto de la historia. Confesión absoluta: "The Times They Are A-Changin" me hizo llorar.
Cat's in the Well
The Times They Are A-Changin'
Summer Days
This Wheel's on Fire
Tangled Up in Blue
Masters of War
Stuck Inside of Mobile With the Memphis Blues Again
John Brown
Beyond the Horizon
Highway 61 Revisited
Shooting Star (with Dylan on guitar -- another rarity)
It's All Right Ma (I'm Only Bleeding)
Under the Red Sky
Thunder on the Mountain
Ain't Talkin'
Bises:
Like a Rolling Stone
Blowin' in the Wind
Acá hay un video de los tantos que se filmaron a la salida del recital.
miércoles, 8 de octubre de 2008
Cimentando el podio
Cuenta cierta leyenda popular que poco tiempo después que Gregory dirigió y aprobó un proyecto de fin de carrera de Ingeniería Eléctrica, uno de los autores del proyecto se acercó a saludarlo y Gregory se había olvidado totalmente de él, al punto tal que admitió no tener idea de quién era su interlocutor.

La leyenda es tan detallada que ambos protagonistas la relatan hoy en día; Gregory es uno de ellos y Diego estaba en el grupo en cuestión. Y, quizás obra del azar o de la culpa (o ambos), Gregory estuvo en la defensa de grado, de maestría y de doctorado de Diego. La defensa de doctorado fue el martes 30 de setiembre, y yo también tuve el gusto de estar allí. La exposición fue clara, el público numeroso y las preguntas abundantes.

Diego es el cuarto uruguayo en recibir un doctorado del Laboratorio de Imágenes de la Universidad de Minnesota. Los anteriores fueron Marcelo Bertalmío, Alberto Bartesaghi y Facundo Memoli. ¿Te das cuenta?, me dijo, No llego ni para la medalla de bronce, pero por supuesto yo estoy en desacuerdo. Uruguay es la nacionalidad con más graduados en ese laboratorio, con 4 finalizados y dos más en camino... son muchos más que China e India. No sé si importa la nacionalidad del graduado, pero a mí me hace gracia pensar en Uruguay desacomodando las estadísticas de alguna oficina estatal, aquí, en la patria de las estadísticas.

El viernes de noche Diego organizó una recepción y allí vimos a Marita y a Beto, a quienes no veíamos desde marzo. Pasó mucha agua bajo el puente desde entonces, y los vimos muy cambiados. Obviamente.

Estaban de paseo de Minneapolis por el cumpleaños de Marita, y se pasaron haciendo sociales. Deben haber quedado exhaustos.

Espero que también contentos.
Más fotos de la defensa aquí y de la fiesta aquí.
La leyenda es tan detallada que ambos protagonistas la relatan hoy en día; Gregory es uno de ellos y Diego estaba en el grupo en cuestión. Y, quizás obra del azar o de la culpa (o ambos), Gregory estuvo en la defensa de grado, de maestría y de doctorado de Diego. La defensa de doctorado fue el martes 30 de setiembre, y yo también tuve el gusto de estar allí. La exposición fue clara, el público numeroso y las preguntas abundantes.
Diego es el cuarto uruguayo en recibir un doctorado del Laboratorio de Imágenes de la Universidad de Minnesota. Los anteriores fueron Marcelo Bertalmío, Alberto Bartesaghi y Facundo Memoli. ¿Te das cuenta?, me dijo, No llego ni para la medalla de bronce, pero por supuesto yo estoy en desacuerdo. Uruguay es la nacionalidad con más graduados en ese laboratorio, con 4 finalizados y dos más en camino... son muchos más que China e India. No sé si importa la nacionalidad del graduado, pero a mí me hace gracia pensar en Uruguay desacomodando las estadísticas de alguna oficina estatal, aquí, en la patria de las estadísticas.
El viernes de noche Diego organizó una recepción y allí vimos a Marita y a Beto, a quienes no veíamos desde marzo. Pasó mucha agua bajo el puente desde entonces, y los vimos muy cambiados. Obviamente.
Estaban de paseo de Minneapolis por el cumpleaños de Marita, y se pasaron haciendo sociales. Deben haber quedado exhaustos.
Espero que también contentos.
Más fotos de la defensa aquí y de la fiesta aquí.
domingo, 31 de agosto de 2008
Pronóstico laboral : vientos y chubascos
Bueno, mi situación laboral se ha metamorfoseado en la última semana. Después de pensarlo mucho, MUCHO, renuncié a mi trabajo por internet. Hoy fue mi último día y me fui sin dar un portazo, con la esperanza de poder reconsiderarlo cuando estemos de vuelta allá.
También después de mandar mi curriculum con más entusiasmo que un vendedor de viagra o relojes calertier, obtuve un trabajo zafral de 3 semanas como cajera en la librería de la universidad y una pasantía no remunerada en la biblioteca de ciencias exactas. Mi zafra empezó el miércoles 20 de agosto y termina el 9 de setiembre. La pasantía empieza el 10.
Empecé a buscar trabajo más o menos cuando se me fue de encima el invierno y el cansancio mortal de los últimos meses allá. Fue en mayo, y surgieron algunas buenas oportunidades que decliné por no estar cerca del CP 55414 (una estaba a 18 km, otra a 20, y otra a 1500). A partir de julio, con el permiso de trabajo y el número de seguro social en la mano continué la búsqueda con más agresividad, pero con resultados poco prometedores. En la red de bibliotecas públicas no están interesados (ni en contratar ni en recibir pasantes), a las mil universidades y colleges no les conviene tener a alguien que se va en menos de un año, y las cafeterías de la zona ya tienen quién sirva el café. También tuve una oportunidad para enseñar español, pero la impostura no es lo mío: siempre critiqué a mis profesores fantasmagóricos, los que apenas sabían su materia pero no tenían idea de pedagogía, y no me voy a transformar en uno de ellos.
Yo, por mi parte, tengo un requisito: no quiero trabajar de noche ni los fines de semana (bueno, con el sábado hasta mediodía transo). Hasta ahora parece una excentricidad, un desubique: la verdad es que esto si que no lo había previsto.
En el marco de mi búsqueda de trabajo, hace unas semanas fui a una feria de empleadores de lo más bizarra, con un tipo disfrazado de ardilla gigante y un stand de cata de cervezas locales. Había un catering y refrescos gratuitos pero yo no los toqué, lo único que me faltaba era mancharme la camisa con grasa (acá todo tiene grasa), o que me diera hipo con la efervescencia y no pudiera hablar con normalidad. Debía tener cara de desesperada, porque dos personas se ofrecieron a ayudarme en mi búsqueda; fueron muy corteses pero no volví a saber de ellos. Lo más positivo que obtuve de ese evento fue un vale por 25% de descuento en una librería: para desquitarme el fastidio de haberme emperejilado para semejante corso fui a la librería en cuestión y compré lo que se me dio la gana. Leí la letra chica del bono y comprobé que las mesas de descuento no estaban excluidas de la promoción, así que fui y me compré unos cuantos ejemplares de ésos. Después fui en actitud belicosa a pagárselos al cajero, que no entendía cómo alguien podía tener 2 descuentos a la vez. Já.
En dos días empieza el semestre y ya elegí unos cuantos cursos a los que me gustaría ir de oyente. Dependerá de si me aceptan como oyente y si los horarios me quedan bien, lo que finalmente elija. Y si esto no prospera, seguiré devorándome la sección de clásicos de la literatura inglesa (desde que llegué me leí todo Jane Austen, Oscar Wilde, HH Munro, Louisa May Alcott, Mark Twain y un par de best sellers impresentables que prefiero no revelar aquí). También estoy mirando muchas películas, pero esto no cuenta: es un hábito de los últimos 15 años que ya es parte de mí.
Ni frío ni caliente, ni alto ni bajo, ni blanco ni negro, ni bueno ni malo. Y bastante parecido a las demás historias de cónyuges de J1 y F1 (académicos y estudiantes internacionales). Para quien vivió la experiencia, el relato puede tener más sentido. Para quien esto es extraño (yo misma hasta hace unos meses), esto puede parecer el más completo absurdo.
También después de mandar mi curriculum con más entusiasmo que un vendedor de viagra o relojes calertier, obtuve un trabajo zafral de 3 semanas como cajera en la librería de la universidad y una pasantía no remunerada en la biblioteca de ciencias exactas. Mi zafra empezó el miércoles 20 de agosto y termina el 9 de setiembre. La pasantía empieza el 10.
Empecé a buscar trabajo más o menos cuando se me fue de encima el invierno y el cansancio mortal de los últimos meses allá. Fue en mayo, y surgieron algunas buenas oportunidades que decliné por no estar cerca del CP 55414 (una estaba a 18 km, otra a 20, y otra a 1500). A partir de julio, con el permiso de trabajo y el número de seguro social en la mano continué la búsqueda con más agresividad, pero con resultados poco prometedores. En la red de bibliotecas públicas no están interesados (ni en contratar ni en recibir pasantes), a las mil universidades y colleges no les conviene tener a alguien que se va en menos de un año, y las cafeterías de la zona ya tienen quién sirva el café. También tuve una oportunidad para enseñar español, pero la impostura no es lo mío: siempre critiqué a mis profesores fantasmagóricos, los que apenas sabían su materia pero no tenían idea de pedagogía, y no me voy a transformar en uno de ellos.
Yo, por mi parte, tengo un requisito: no quiero trabajar de noche ni los fines de semana (bueno, con el sábado hasta mediodía transo). Hasta ahora parece una excentricidad, un desubique: la verdad es que esto si que no lo había previsto.
En el marco de mi búsqueda de trabajo, hace unas semanas fui a una feria de empleadores de lo más bizarra, con un tipo disfrazado de ardilla gigante y un stand de cata de cervezas locales. Había un catering y refrescos gratuitos pero yo no los toqué, lo único que me faltaba era mancharme la camisa con grasa (acá todo tiene grasa), o que me diera hipo con la efervescencia y no pudiera hablar con normalidad. Debía tener cara de desesperada, porque dos personas se ofrecieron a ayudarme en mi búsqueda; fueron muy corteses pero no volví a saber de ellos. Lo más positivo que obtuve de ese evento fue un vale por 25% de descuento en una librería: para desquitarme el fastidio de haberme emperejilado para semejante corso fui a la librería en cuestión y compré lo que se me dio la gana. Leí la letra chica del bono y comprobé que las mesas de descuento no estaban excluidas de la promoción, así que fui y me compré unos cuantos ejemplares de ésos. Después fui en actitud belicosa a pagárselos al cajero, que no entendía cómo alguien podía tener 2 descuentos a la vez. Já.
En dos días empieza el semestre y ya elegí unos cuantos cursos a los que me gustaría ir de oyente. Dependerá de si me aceptan como oyente y si los horarios me quedan bien, lo que finalmente elija. Y si esto no prospera, seguiré devorándome la sección de clásicos de la literatura inglesa (desde que llegué me leí todo Jane Austen, Oscar Wilde, HH Munro, Louisa May Alcott, Mark Twain y un par de best sellers impresentables que prefiero no revelar aquí). También estoy mirando muchas películas, pero esto no cuenta: es un hábito de los últimos 15 años que ya es parte de mí.
Ni frío ni caliente, ni alto ni bajo, ni blanco ni negro, ni bueno ni malo. Y bastante parecido a las demás historias de cónyuges de J1 y F1 (académicos y estudiantes internacionales). Para quien vivió la experiencia, el relato puede tener más sentido. Para quien esto es extraño (yo misma hasta hace unos meses), esto puede parecer el más completo absurdo.
jueves, 14 de agosto de 2008
Una de Batman
Vimos la última película de Batman, The Dark Knight, y nos gustó mucho. Como la anterior (Batman Begins) esta una película que indaga el trasfondo psicológico y ético del héroe de Ciudad Gótica, a mi entender (y el de bastante gente más) con mucha elegancia y aptitud cinematográfica. Christopher Nolan, el director, seguro nació sabiendo, porque todas sus películas son impecables. Fuimos a una sala con tecnología IMAX: una pantalla descomunal de grande y un sonido increíble. Las icónicas onomatopeyas BOOM, KAPOW, AAUCH de la serie protagonizada por Adam West acá eran redundantes. Con cada piña, daba la sensación que Batman quebraba un par de huesos. ¡Crac! Espeluznante.
Pero no los voy a aburrir con mi opinión sobre la película, que pueden ver ustedes mismos. En lugar de eso, voy a contarles una anécdota que tiene mucho que ver con Batman y conmigo, y por qué estoy aquí.
Cuando Fefo estaba en el Bachillerato del Seminario dibujó una adaptación de Batman y Robin con caracterizaciones de sus profesores. Héroes, villanos y la propia Ciudad Gótica estaban al alcance de la mano, dentro de las manzana de las calles Soriano, Canelones, Martínez Trueba y Barrios Amorín. Y todos los personajes estaban asociados al Bachillerato Científico menos uno, de Humanístico.

Este profesor, que adoptaba el papel de Alfred el mayordomo, era mi padre. Alfred (Pennyworth) Demassi.
Como mi marido es un inglés sin pasaporte, no se podía esperar que me hablara sin que antes fuéramos apropiadamente presentados (properly introduced into each other acquaintance's, para decirlo en un inglés que pondría a Jane Austen orgullosa). Pero como nunca nos presentaron, la primera vez que hablamos fue en referencia a Coquiman y Roliver.

Creo que Coquiman y Roliver marcó el final de una promisoria carrera artística. Pasado el tiempo, hay lugar para conjeturas de tipo supersticioso. Si Fefo hubiera hecho otra historia de este estilo, ¿habría incluido algún futuro suegro? También me pregunto si en la historia hubiera incluido a mi madre, ¿sería heroína o villana? Yo voto por villana, ¿y ustedes qué opinan?
Pero no los voy a aburrir con mi opinión sobre la película, que pueden ver ustedes mismos. En lugar de eso, voy a contarles una anécdota que tiene mucho que ver con Batman y conmigo, y por qué estoy aquí.
Cuando Fefo estaba en el Bachillerato del Seminario dibujó una adaptación de Batman y Robin con caracterizaciones de sus profesores. Héroes, villanos y la propia Ciudad Gótica estaban al alcance de la mano, dentro de las manzana de las calles Soriano, Canelones, Martínez Trueba y Barrios Amorín. Y todos los personajes estaban asociados al Bachillerato Científico menos uno, de Humanístico.

Este profesor, que adoptaba el papel de Alfred el mayordomo, era mi padre. Alfred (Pennyworth) Demassi.
Como mi marido es un inglés sin pasaporte, no se podía esperar que me hablara sin que antes fuéramos apropiadamente presentados (properly introduced into each other acquaintance's, para decirlo en un inglés que pondría a Jane Austen orgullosa). Pero como nunca nos presentaron, la primera vez que hablamos fue en referencia a Coquiman y Roliver.

Creo que Coquiman y Roliver marcó el final de una promisoria carrera artística. Pasado el tiempo, hay lugar para conjeturas de tipo supersticioso. Si Fefo hubiera hecho otra historia de este estilo, ¿habría incluido algún futuro suegro? También me pregunto si en la historia hubiera incluido a mi madre, ¿sería heroína o villana? Yo voto por villana, ¿y ustedes qué opinan?
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