Ayer iba caminando por la calle cuando, cerca de una esquina, un hombre en silla de ruedas me llama. "Señora, le doy un dólar si me lleva hasta la otra esquina", me dijo.
Demoré un poco en entender que lo que quería era que le empujara la silla porque ya hacía rato que estaba moviéndose, y tenía los brazos cansados. Pero en cuanto entendí le dije que "¿Cómo no?", y lo ayudé durante una cuadra y a cruzar la avenida, hasta la parada de ómnibus a donde él quería llegar.
Obviamente no iba a aceptar su dólar, y me parecía un poco desagradable de mi parte aprovecharme de la situación. Pero me igual resultó beneficiosa porque este tipo quería tomarse el mismo ómnibus que yo, y gracias a que él iba en silla de ruedas el ómnibus nos esperó a que llegáramos y pudiéramos subirnos.
O sea que si no hubiera empujado la silla, habría perdido el ómnibus. Es difícil motivar las buenas acciones desinteresadas si los beneficios son tan oportunos, ¿no?