sábado, 27 de junio de 2009

Del cajón de los recuerdos

Hoy es el 36 aniversario del golpe de estado en Uruguay, y hace unos días estuve discutiendo las repercusiones con un minnesotano. Las repercusiones personales más que las sociales, y ahí caí en la cuenta de lo relevante que fue haber nacido en ese momento y no en otro.

Nací en 1979, en un país que vivía en dictadura militar desde 1973 y que siguió estándolo hasta 1985. Es decir que en 1985, cuando empecé el primer año escolar, la Democracia estaba de vuelta. Cabría imaginarse pues, que como en esos años de dictadura yo era muy pequeña y tenía poca idea del "mundo exterior", la dictadura no influyó demasiado en mi vida de entonces. Sin embargo, el régimen militar explica muchas cosas de mi infancia. Convicciones exóticas, hábitos inusuales... cosas raras.


Primeramente, nací en una época de recambio generacional. Las tías viejas se murieron todas de golpe, mientras que otros miembros de la familia más jóvenes hacían las valijas y marchaban exiliados a tierras del norte. Por esta razón mis padres, que al día de hoy no sé muy bien por qué prefirieron malo conocido que bueno por conocer, se quedaron con muchos objetos personales de aquellos que ya no estaban.

Entonces la casa de mi infancia tenía televisores en varios cuartos, aunque casi no mirábamos (ni tampoco había mucho para mirar). También había cajas con ropa de todos los talles y colores, a la que mi madre acudía cuando necesitábamos algo, para vestirnos o para disfrazarnos en una tarde aburrida de domingo. Había una biblioteca que llevaría una vida recopilar (la llevó), y había juegos de platos como para invitar a comer a un batallón, aunque nunca invitábamos a nadie... porque no quedaba mucha gente a la que invitar.


Los que habían muerto recientemente y los que se habían ido formaban parte de las conversaciones de todos los días, y yo no entendía la diferencia entre unos y otros. "Esto era de Mamama"... "esto era de la tía Paula" Así conocí la muerte. Era como irse muy lejos. Pero algunos no mandaban cartas, y mamá se ponía triste cuando hablaba de ellos.

Esta estrecha relación con los ausentes tuvo otra faceta. Los que estaban exiliados mandaban cartas, mandaban fotos... y mandaban regalos. Creí firmemente, con una solidez que yo no podría transmitirle a nadie, que Papá Noel y los Reyes Magos existían. ¡Si a los abuelos yo tampoco los había visto nunca y me mandaban regalos para mi cumpleaños! Y los tíos de Suecia mandaban fotos donde había nieve, como las postales de Papá Noel. Todo encajaba perfectamente. Bueno, casi todo.


Creía ciegamente que los Reyes Magos vivían cerca de las Tres Marías, Papá Noel vivía atrás de un edificio en Garibaldi (otro día les cuento), y mi abuela Ana vivía en la Oficina de Correo de San Martín y Vilardebó. Seguro que vivía allí, porque era donde nos dejaba cosas para que fuéramos a buscar, o desde donde la llamábamos, en la oficina de Antel justito al lado.


Durante la dictadura, mis padres estuvieron destituidos de sus cargos y sobrevivieron realizando trabajos diversos. Por eso la polenta y los fideos con tuco eran un menú habitual en nuestros platos. Le tengo un afecto muy especial a la polenta y a los fideos de paquete, y muy especialmente a las comidas que tienen fideos de varios tipos, legumbres dicotiledóneas (los porotos y las lentejas son lo más), algo parecido a tomate y un lejano rastro de proteína animal. Comí mucho de eso, con un Toblerone de postre, mandado por la abuela. Recién de grande me dí cuenta de lo absurdo de la situación... ¡vivir a polenta y chocolate suizo!

Otra huella de la dictadura, ésta en mi subconciente, es mi asociación de ideas al escuchar la marcha militar de los comunicados de las FFAA: pienso inmediatamente en... la Pantera Rosa. Es que el comunicado venía justo después de la Pantera y antes del informativo. Conversándolo con otra gente de mi edad o un poquito mayores, todos nos acordamos.

Mi madre siempre recuerda que yo ansiaba aprender a leer, y que aprendí las letras muy rápido. El problema fue que lo primero que recuerdo haber leído en voz alta, por la calle, fue una pintada que decía "PIT-CNT" y a mi madre diciendo, shhh, ¡éso está prohibido decirlo en voz alta! No se podía decir cola, caca, pichí ni pitceneté.


En 1985, cuando aprendí a leer y finalmente pude leer los libros que quise, cuando reabrieron Canal 5 y miré programas de TransTel todas las tardes mientras merendaba, cuando se pudo decir pitceneté, rocanroll y viva Wilson, y mi madre nos compró una cometa con los colores frenteamplistas en el comité de base de esquina, ahí, justo ahí, conocí a toda mi familia. A mis abuelos, mis tías, mis primos, a los tíos de Suecia con el hijo del que mis padres tenían tantas fotos y cuentos... todos llegaron en aquel eufórico 1985.

Ah... qué anodina hubiera sido mi infancia si no hubiera sido por los milicos...

4 comentarios:

Laura Caorsi dijo...

Se me puso la piel de gallina varias veces leyendo este post. Además de que está muy bien escrito, es una imponente radiografía de los que compartimos generación. Muy bueno, de verdad. Un abrazo!

Julia dijo...

Gracias, Laura! Leer y comentar también es abrirse.

La verdad es que muchas cosas de este post son realmente personales (no todo el mundo tuvo parientes en el exilio), otras la gente tiende a olvidarlas (la malaria generalizada y la polenta irrestricta), pero lo de la Pantera Rosa es re-fuerte, no?

Mi padre lo leyó y se mataba de la risa, él, historiador no se acordaba del orden de la programación hasta ahora. Según me dijo, siempre asumió que nosotras (y vale para cualquier elemento de la generación también) no guardaríamos ningún recuerdo de la época, y nunca se le había ocurrido verlo así.

Yo no recuerdo cassettes subversivos en mi casa, pero me acuerdo de una anécdota tuya con un cassette de Los Olimareños...

:-)

Unknown dijo...

Hola, la marchita militar es tambien un marcador muy fuerte para mi. No me trae la pantera rosa (venia a acontinuacion?) si no que me trae directamente mi infancia, al igual que los helicopteros volando bajito.
Un beso
Alvaro

xopxe dijo...

Excelentes las fotos, realmente excelentes.
Las mías son bastante distintas, je.