Los más extraños (para mí) son muñecos de acción literarios. Está el de Jane Austen, que trae un escritorio y una pluma, el de Edgar Allan Poe con el consabido cuervo, el de Shakespeare con una calaverita (¡constitucional!), y un largo etcétera. A mí me parecen un poco tontos porque no son para niños sino para grandes (no creo que los niños lean mucho Shakespeare), y tiene algo de bochornoso, creo yo, ponerse a jugar con la muñeca de Jane Austen en vez de leer sus libros.
Pero el que me dejó azorada fue el muñeco de acción bibliotecario. Me parece horrible, totalmente ofensivo. Mirenlo, ¿no parece un travesti?

Como si ser bibliotecario se tratara de pedir silencio. Que conste, en los 9 años que trabajo en bibliotecas nunca, NUNCA, pedí silencio. No entiendo cómo los bibliotecarios de Minneapolis no han prendido fuego esa tienda de regalos. Traidores.