jueves, 16 de abril de 2009

New York Public Library

Durante los 25 meses que trabajé online tuve la oportunidad de conocer a fondo el sitio web de la biblioteca pública de Nueva York. Y ahora que estamos acá, la visitamos personalmente.

El edificio de la biblioteca está en uno de los puntos neurálgicos de Manhattan, en el medio de todo. Como me esta pasando una y otra vez desde que llegamos, no me parecio tan grande como me lo esperaba. Es que, a diferencia de la Biblioteca Nacional uruguaya, esta biblioteca tiene muchísimas sucursales (detesto el término pero es que ellos usan), así que en vez de apretujar y pergeñar ampliaciones adefésicas, los tipos derivan colecciones para otros edificios y mantienen, con natural elegancia el edificio principal abierto para visitantes.

El edificio es majestuoso y está en perfecto estado de conservación. Está limpio, esta bien mantenido, no tiene goteras ni manchas ni carteles pegados con cinta adhesiva, ni sillas de orígenes diversos. No. Estilísticamente está unificado, y los detalles modernos estan disimulados o están en lugares secundarios, sin interrumpir la esencia clásica del recinto.



Creo que es la primera vez que entro a una biblioteca de esas dimensiones y recibo esa impresión de dignidad y pulcritud, y también, amabilidad. No sé, aunque sea mi profesión, a veces las bibliotecas me parecen un poco hostiles... no fue el caso, realmente. Aunque tampoco la usamos, así que no podemos hablar con total propiedad.

No sé nada de arquitectura y es poco lo que puedo describir de la biblioteca desde esa perspectiva. No hicimos el tour sino que fuimos por nuestro propio lado, siguiendo el mapa y deteniéndonos en los detalles que nos llamaban la atención a nosotros y no al guía. Pero hubo un detalle que me impresionó tanto que es lo que me lleva a escribir este post.

La biblioteca fue construida a principios del siglo XX y tiene un estilo neoclásico. Muchos detalles son de marquetería fina, y el mobiliario que usan los bibliotecarios y el público tambien son clásicos. Sillas, escritorios, mostradores y los sacrosantos catálogos de cajoncitos. No sé si todo es auténtico o respetuosa imitación, pero sí puedo afirmar que las sillas no crujen ni estan desvencijadas y que, con las lámparas de vidrios y las de cobre, las ventanas pequeñas, los pisos de monolítico como un salchichón y muy especialmente el verde agua de las paredes de los corredores, me transportaron al apartamento donde vivía la viuda de mi bisabuelo Justino Zavala Muniz, en Duvimioso Terra y Colonia.

Lo mas extraño de la visita fue esperar sentir el olor, creo que mezcla de Chanel 5 y naftalina que emergia de los roperos de Maria Julia cuando con mi hermana, furtivamente, los abriamos para acariciar las mangas de los abrigos y cerrarlos inmediatamente. O imaginarme que si uno abre una ventanita en el baño, el viento brutal de la salida del túnel de 8 de Octubre es capaz de llevarse un avión de papel hacia arriba en vez de hacia abajo. Hasta el ruido de los zapatos sobre el parquet, ese ruido tan incomparable, y una exposición sobre las relaciones entre Francia y Alemania entre 1918 y 1940, con gente lookeada como en las fotos de mi bisabuelo y su esposa, cimentaron esa familiaridad tan peculiar.



Para asegurarme que ese inesperado sentimiento no era una alucinación sino que podía afirmar, que, fehacientemente existe un (tenue, tenuísimo) lazo familiar entre la NYPL y yo me acerqué al catálogo y busqué a todos mis familiares que hubieran publicado un libro. Encontre a dos Zavala, un Demasi y un Lucchini. Y me fui contenta.

Fotos de la visita, aquí: http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/NewYorkPublicLibrary#

Chinatown

A eso de las 2 de la tarde salimos del Met y caminamos un poco bajo la lluvia indecisa, pero que mojaba. Vimos el Guggenheim por afuera, y nos tomamos un omnibus para ver la ciudad (sólo Manhattan en realidad) como dos urbanitas más. Llovió y nos mojamos, pero como estamos sanforizados por suerte no encogimos y pudimos continuar con bastante normalidad.

Decidimos tomar un omnibus hasta Battery Park, el final de la isla, desde donde se ve la Estatua de la Libertad, pero cuando pasamos por Chinatown vimos una calle llena de farolitos rojos y nos bajamos para ver qué era.



Chinatown, bueno, es un barrio de unas 5 manzanas de ancho y largo. Después de verlo en películas para mí era como algo concreto pero con límites difusos (y por lo tanto infinito), y me lo imaginaba mucho más grande de lo que realmente es, sólo unas cuadras y basta, fin de los chinos. Pero es como cambiar de ciudad. No sólo la gente tiene aspecto de chino, cuando se suben al omnibus hablan en chino, también los carteles de los negocios estan en chino (y los carteles en inglés no ayudan... ¿qué cuernos quiere decir forever sincerity employment agency?), y en las vidrieras de los locales de comida unos peces nadan, aburridos, en un lodo verde. Caminamos con decisión, como quien sabe a donde va mientras mira de reojo todo lo que hay para ver (turistas pero no tarados), nos metimos en algo que parecía una Expo montevideana donde todo estaba a la venta pero eramos incapaces de discernir nada (nombres, precios, utilidades) y seguimos en busca de la calle de farolitos rojos.

Cuando llegamos, despues de andar un par de cuadras, vimos que no podiamos pasar porque habia camionetas y grúas impidendo el paso. Algunas de las grúas estaban colocando más farolitos, y las camionetas tenían focos de luz apagados. Y estaba lleno de gente, pero no dejaban pasar. Un tipo enorme (demasiado alto y oscuro para ser chino) manejaba el tránsito peatonal, explicando a quien le preguntara que estaban preparando el lugar para filmar una película estelarizada por Nicholas Cage.



¿Está acá? ¿Le podemos pedir un autógrafo? le preguntamos. Nos dijo que no, y pusimos cara de irnos con las ilusiones deshechas y el corazón partido. Porque si yo me encontrara con Nicholas Cage, no le diría que me parece un banana y que sus buenas películas son su excepción. No sé qué le diría, pero honestamente, ver a alguien auténticamente famoso de rebote es de las pocas cosas que Nueva York ofrece y ninguna guía turística anota.

Otra vez será.

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Fotos de Chinatown acá: http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/ChinatownNewYorkCity#

El futuro de la aviación

Llamenme ingrata, desconsiderada, o carente de perspectiva, pero tengo que afirmarlo con toda convicción: odio viajar en avión.

Crecí con una idea romántica y rebosante de glamour que poco tiene que ver con los viajes hoy en día, y la verdad es que los viajes de placer que involucran aviones y (especialmente) conexiones, son una pesadilla. Aunque no he viajado mucho ya llevo acumulados varios días de esperas imprevistas en aeropuertos, y no, no es lo que considero recreación, placer o descanso.

El lunes cuando llegamos al aeropuerto nos avisaron que el avión hacia Atlanta estaba atrasado, pero que no nos quejaramos porque el siguiente avión a Atlanta estaba cancelado. Terrrrrible tormenta y vientos huracanados sobre el aeropuerto de esa ciudad hacían el tránsito aéreo inseguro. Obvio, perdimos la conexión a Nueva York (la ciudad que sí teníamos interés en visitar) y quedamos anclados, junto con muchiiiiiisima gente más en un aeropuerto no tan grande, rebotando contra las paredes, ríendonos de los peinados raros, mascando malhumor.

Nos asignaron un nuevo vuelo a Nueva York, aterrizamos como 5 horas más tarde de lo previsto, el remise que habíamos contratado por internet demoró otra hora en salir de la zona del aeropuerto y traernos al hotel y ta, llegamos a las mil y totalmente exhaustos.

Ya basta, es sabido que el aburrimiento, el cansancio, el hambre y la frustración combinados producen malhumor. No hay por que seguir experimentando, el resultado ya es conocido.

Así que, por medio de este modesto blog insto a los científicos del mundo a que inventen una forma de viajar rápido sin aviones, de desmaterializarse en un lugar y rematerializarse en otro. El teletransportador, el download, los polvos flu de Harry Potter. Por favor, ¡lo que sea!

¡Y que vuelva el glamour de viajar en avión!

Desde NYC

Hola a todos. Estamos en Nueva York, y voy a escribir y publicar algunos pequennos articulitos... No tengo la hermosa letra ennie ni tampoco tildes, pero prefiero publicar asi y prometo que en la compannia de un teclado civilizado correjire los errores y horrores. Tambien prometo agregar links y fotos, y avisar cuando este todo pronto.

Espero que disfruten!

martes, 31 de marzo de 2009

Versión 3.0

Ante la inminencia de mi cumpleaños, hace más o menos un mes empecé a pensar si quería hacer algún festejo o no. Me consta que la iniciativa y la organización tienen que partir de uno porque sinó no se llega a nada, y cuando se disipó la idea de ir a Nueva York en esta fecha, empezó a tomar cuerpo la idea de hacer algo así como una fiesta. Boato, parranda o jolgorio, como prefieran llamarlo.

Vagabundeando por los pasillos de la biblioteca barrial encontré un libro "Organice su propia fiesta" (The Last Minute Party Girl es el título en portada), y leyéndolo me empezó a parecer cada vez más factible y menos imposible organizar algo.

Como el vecino de abajo es un rompecocos y acá se toman muy en serio algunas regulaciones, me imaginé que hacerlo de noche era complicado, y no quería que a las 10.01 pm estuvieran los cops golpéandome la puerta y multándome por ruidos molestos, así que decidí hacerlo al mediodía. Después empecé a armar la lista y ví que acá, en casa, no iba a caber la gente que quería invitar y por eso le pedí a Patricia si me gestionaba el salón de su cooperativa de viviendas. Para el mediodía, obvio.

Después empecé a pensar en el menú... ¿qué podía ser sencillo, fácil de transportar, que no me llevara a la bancarrota inmediata? Ahí me acordé del cumpleaños de 30 de Alvaro, que sirvió panes de pita con un relleno espectacular. Como mis capacidades culinarias y logísticas son mucho más limitadas hice una versión más simple con las ollas e instrumentos que tengo a mano, pero me aferré al concepto original de los panes de pita. También pensé en servir una torta típica, y ¿qué más típico que una torta del libro del Crandon? Con un dulce de leche amorralado en un armario y una decoración sobria (aburrida), como corresponde a una orientala de la planta.

La lista de invitados fue de mi exclusiva confección. Invité a algunos españoles del equipo de fútbol de Fefo - Albert con su novia Eliza, Fernando, Alfonso y Jonathan con su esposa Belén; a Mercedes - mi amiga del Bookstores con Scott, su novio; a Jon - mi supervisor de la biblioteca, a Carla - una argentina simpatiquísima que está en el Departamento de Español con Andrés, su esposo; a Stacey - investigadora invitada en el Lab; a Iman - nuestro iraní preferido; a Lorena - hermana de un uruguayo que estuvo por acá y se fue hace un par de semanas; a Guillermo y su familia; a Joaquín - a quien cuido mientras lo convenzo de que es él quien me cuida, a mis amigos uruguayos contertulios de días largos y noches frías: Ana, Juan, Patricia, Nacho, Pablo y Gonzalo.

El menú consistió en una olla con carne picada saltada en cebolla, con zanahoria en láminas y una lata de garbanzos y tocino en salsa de tomate con miel (ejem, no leí bien la lata cuando la compré); una segunda olla con pollo en cubitos con una lata de sopa de champignones y una cucharada de estragón; la tercera contenia ratatouille de berenjena, pepinos, zanahorias y cebollas, y también una ollita de arroz hecha en el acto. El salón tiene horno microondas y mi asistente Fefo se encargó de calentar por porciones y poner en la mesa junto con cubiertos para servirse, mientras yo me preocupé de darle charla a todo el mundo y ver que nadie se me quedara aislado.

No tengo muy claro si mis invitados tenían orientacines culinarias marcadas, pero por las dudas había suficiente material vegetariano como para alimentar, sino un paladar exigente al menos un estómago impaciente. Las bebidas también eran variadas: además de la siempre ubicua coca-cola y coca diet, había vino, birras de todos colores y agua (Fefo insistió en que los invitados trajeran cerveza... que por supuesto sobró, pero ¿quién se está quejando?).

Por motus propius Alfonso y Fernando trajeron un cheesecake, y Carla y Andrés trajeron aceitunas. La comida voló, toda menos los panes de pita... creo que al poner platos de cartón no quedaba la intención tan clara, o mejor, bueno, cada uno interpretó como quiso y ¿para qué llenarse con pan cuando hay otras cosas más sustanciosas? Después de retirar los restos exangües del almuerzo servimos la torta de chocolate, el cheesecake y ensalada de fruta y helado. Insistiendo en el ambiente fomentando la motricidad fina y la coordinación, también el postre cada quién se sirvió lo que se le dió la gana. Mis invitados locales me informaron que nunca antes habían comido helado y ensalada de fruta JUNTOS, ya que acá la tradición indica que el helado se come sólo o con torta caliente. Todos los días se aprende algo, ¿eh?

A las 3 de la tarde hora local, la selección urugaya enfrentó a la paraguaya; a las 4 era la española la que enfrentaba a Turquía, y a las 5 eran los argentinos los que tenían cita para las eliminatorias. Así que bueno, a las 3 se me borraron los compatriotas, a las 3.50 los españoles esgrimieron otros compromisos y los argentinos también se retiraron en ese momento.

Fotos de la jornada en http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/Julia30#

Como quizás ya saben, las tres selecciones hicieron un muy buen papel. Como el fútbol me importa más bien poco, yo terminé la velada rompiendo la chancha y yéndome a ver la final regional de hockey universitario masculino en el Mariucci Arena, donde los BullDogs de la Universidad de Minnesota de Duluth perdieron honrosamente, en un partido no apto para cardíacos, frente a los RedHawks de a la Universidad de Miami en Ohio. Los dos equipos competían por primera vez el campeonato regional, y lógicamente, el ganador también por compite primera vez en el campeonato nacional (llamado Frozen Four) el mes que viene en Washington.

Oh yeah!