Cuando abrimos la boca para decir algo y se nota que somos extranjeros, por curiosidad o cortesía, muchas veces nos preguntan Where are you from? (¿de dónde eres / son?). Y no es que nos hagamos los difíciles, pero nos gusta retrucar, Where do you think I'm from?, (¿de dónde crees que soy?)
Hé aquí un breve muestreo de las respuestas:
Italia: El cajero del supermercado Lund's a mí.
Islandia: La moza de Annie's Parlor, mirando a Federico.
Croacia: Un tipo por la calle, al que le pregunté dónde estaba la parada del ómnibus más cercana.
Suecia: Alguien a Gabriela.
Francia*: El mozo del Caribou Coffee.
Turquía: El mismo mozo, en segundo intento.
Italia: Un mexicano vendedor en una casa de antigüedades, a mí.
Francia: Un estudiante iraní a Federico, después de escucharlo hablar en inglés.
España: El hincha alemán del Brit Pub, mirando a Fefo y su boina. Sin la boina podía pasar por alemán.
Italia: La vendedora de una casa de ropa usada, a mí.
Brasil: Un vendedor de la venta de garage de Edina, mirándonos a Nacho, Pati, Fefo, Joaquín y yo.
- ¿De dónde eres?
- De Uruguay
- Ah, ¿y eso está en Rusia?
- No, en Sudamérica
- Nunca había escuchado antes.
- Yo tampoco había escuchado hablar de Minnesota antes de venir aquí.
Diálogo en la recepción de un hospital.
- ¿De dónde son?
- Somos de Uruguay...
- Ah, iúrugüei
- Sí, es como "you are gay", pero no exactamente
- Ho, ho, ho
Conversación con el gorila de seguridad del puesto de venta de teléfonos celulares. Nacho me arrastró afuera antes que el gorila dejara de reírse y nos curtiera a palos.
Que las respuestas estén a tantos kilómetros lejos de la respuesta correcta me recuerdan que raza y nacionalidad no tienen nada que ver. Aunque tomando en cuenta lo que sé de mis antepasados (casi todos españoles y uno solito italiano), me causa gracia tanta insistencia con Italia: va en realidad a que nuestra pronunciación es bien distinta a la de los españoles, y eso se nota al hablar inglés. También cuenta que nosotros hablamos inglés británico más que americano, pero, a diferencia de la mayoría de los europeos que conozco, hacemos un esfuerzo por adaptar el acento también.
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* Esto me recuerda que a mí también me preguntaron una vez en Montevideo si soy francesa, por cómo pronuncié ciertos nombres en francés. Me sentí halagada hasta que constaté que mi interlocutor era prácticamente sordo.