Como en las casas de Edina viven dueños, y son siempre los mismos, y como técnicamente son una ciudad y por eso tienen más organización que un barrio, los habitantes de Edina se pueden dar el lujo de tener tradiciones.
Una de ellas es que muchos habitantes hacen ventas de garage el mismo día. Se ponen de acuerdo, arman un mapa con descripción a grandes rasgos de lo que cada vendedor ofrece (ropa de niño, electrónica, muebles, etc.), cada casa tiene un número y ponen flechas, para que el comprador no se pierda. Anualmente, el primer sábado después del solsticio de verano. Por supuesto que esta venta no tiene publicación masiva, pero afortunadamente Guillermo vive en Edina y nos pasó el pique unos días antes. También nos ofreció a que dejáramos el auto en su entrada de garage, y nos recibió en su casa a la vuelta, exhaustos pero felices (y llenos de cachivaches).
Había unos 70 "puestos", algunos de los cuales eran varias familias vendiendo juntas para que fuera más atractivo. Fuimos con Nacho, Pati y Joaquín, quienes llegaron a Minnesota hace un par de semanas y querían armar su casa. Yo iba con ganas de comprar ropa de verano, y Fefo, con ideas tan precisas que finalmente no consiguió lo que buscaba.
La venta de garage tiene algo de surrealista, porque se pueden comprar cosas inverosímiles a precios insólitos, tanto así que se puede llegar a perder la noción de las cosas. Como dijo Nacho a media mañana, ya tenemos cosas suficientes como para armar nuestra propia venta de garage. Es sorprendente la cantidad de objetos sin uso que están a la venta, ropa con las etiquetas colgando, o sets de perfumes sin abrir. Por un lado me imagino que esas son cosas compradas en el furor de una liquidación pero sin considerar demasiado si alguna vez iba a ser usado, y me parece que el dueño sale perdiendo por creer que ahorraba. Pero algunas cosas me parecieron regalos inapropiados y me dio un poco de pena, por el que gastó la plata en un regalo y por el que recibió algo que no le gustó. Aunque va en contra de mi interés como compradora de garage sale, de pronto me empezaron a parecer una buena idea los cheques obsequio.
También había muchos aparatos de gimnasia: bicicletas fijas, cintas, máquinas elípticas, y dvd's y libros con métodos para lograr el cuerpo que usted siempre soñó. Según Nacho, la venta de estos artefactos a precio de ganga era una prueba indiscutible de la eficiencia del marketing en esa área. La gente se compra esto mirando la publicidad, y después se da cuenta que es todo mentira, sentenció. Yo creo que tenía razón, pero a lo mejor estaban a la venta porque se habían comprado otro mejor. ¿Quién sabe?
En la venta del sábado, también tuve una especie de revelación intrascendente, pero revelación al fin, porque allí había había ropa linda con poco o nada de uso, y yo podía quedármela si pagaba el precio, irrisorio, que pedían por ella. Y de repente me vino a la memoria un vestido divino que tenía mi tía Eugenia, la más mundana y glamorosa de mis tías, un vestido por el que yo suspiraba y que un día le ví a mi tía Laura con una mancha en el costado. Ese día me quedó más que claro que en Montevideo la gente pasa su ropa a determinadas personas, y en Edina, parada en la calle con mis pantalones a rayas nuevos en la mano, de repente me quedó claro que en Montevideo jamás podría tener estas cosas, no porque no existan, ni porque las tengan personas que no conozca, ni porque esas personas se las queden para siempre, sino porque lisa y llanamente, porque no me las dan a mí. Y punto.
De lo que compramos nosotros, la mejor adquisición fueron un par de botas de nieve Columbia para mí (aunque iba buscando ropa de verano), y linternas de leds para Fefo (uno de los garages era de un distribuidor de chucherías electrónicas, tenía miles de cosas a 25 ó 50 centavos). Nuestros amigos compraron un sillón de tres cuerpos, mesa para la TV, aspiradora, lámparas y una montaña de muñecos, y no sé cuánto gastaron, pero no creo que hayan llegado a los 100 dólares en total.
Edina Annual Garage Sale, ¡qué experiencia! Fotos, aquí.
