¡Nunca pasé tanto frío como en Montevideo en julio de 2007!, y continuó diciendo Tuve sabañones cuando era estudiante de la Universidad de la República, pero al volver a Minnesota no supe cómo decirlo en inglés... aquí esas cosas no existen.
He aquí condensadas, en observaciones tan elocuentes como sagaces, una revelación que no he logrado transmitir a mis conocidos, especialmente los de aquí, que no terminan de entender que una sudamericana esté tan contenta y adaptada en un lugar como Minnesota.
Valgan dos aclaraciones, la primera es que secretamente ellos se deben figurar Uruguay como un país tropical. No los culpo, aunque mirando un mapa se descubre a simple vista que estamos re-lejos del ecuador. La segunda, que esta vida vulgar y reclusiva que llevo es bastante parecida a mi vida allá, con la mayor diferencia de la calefacción. Abundante calefacción.
Entonces, claro que el frío es una experiencia nueva. El MTF (minutes to frostbite, el tiempo que puede estar la piel desnuda a la intemperie antes de empezar a congelarse), una medida que cruza al termómetro y a la sensación térmica, es una magnitud de la que ya tengo noción cabal. Me duelen las orejas (sí, las orejas además de los oídos) si camino una cuadra sin un gorro puesto, si me queda el pelo al aire, al entrar a un lugar y sacarme el abrigo, tengo que calentarlo o recogerlo porque me da frío en la espalda. Respirar fuerte, a veces, duele, duele en serio, y aunque tengo unos guantes espectaculares, tengo las cutículas hechas pedazos por el frío. También he experimentado la inédita, curiosa y a la vez alarmante sensación de que los ojos se congelan en sus cuencas.
Pero nada de lo que he vivido en Minnesota en las casi 5 semanas de crudo frío invernal tiene ni ápice de comparación con dormir todas las noches del invierno, todos los inviernos de mi vida, en un cuarto con menos de 10 grados de temperatura (y hasta alguna sutil corriente de aire!). Despertarme con la nariz gélida, y tener la precaución de dormir con pijama de franela para poder llevarme un poco del calor de la cama cuando me levante, aquí es francamente inconcebible, por no decir rayando lo ridículo. La noción de vestirse de mañana con varias capas de abrigo y mantenerlas a lo largo del día, para esta gente es un concepto decimonónico. Para mí, válido hasta el año pasado. Y un espacio físico de trabajo con el acondicionamiento térmico del Cuerpo Sur de la Facultad de Ingeniería acá estaría prohibido por malsano. Y olvidar a Vilamajó, que murió de viejo pero seguro que no de frío.
Cuestión que admitiendo que estoy encantada de esta nueva comodidad burguesa que llega bajo título de primera necesidad, por otro lado me enorgullezco de haber sobrevivido 28 inviernos en el frío, el viento, la lluvia y la humedad constantes, omnipresentes, e impasibles del implacable invierno montevideano. Que no curtirá tanto al cuerpo, ¡pero sí que curte el espíritu!
miércoles, 5 de marzo de 2008
martes, 4 de marzo de 2008
¡Qué difícil es ser desinteresado!
Ayer iba caminando por la calle cuando, cerca de una esquina, un hombre en silla de ruedas me llama. "Señora, le doy un dólar si me lleva hasta la otra esquina", me dijo.
Demoré un poco en entender que lo que quería era que le empujara la silla porque ya hacía rato que estaba moviéndose, y tenía los brazos cansados. Pero en cuanto entendí le dije que "¿Cómo no?", y lo ayudé durante una cuadra y a cruzar la avenida, hasta la parada de ómnibus a donde él quería llegar.
Obviamente no iba a aceptar su dólar, y me parecía un poco desagradable de mi parte aprovecharme de la situación. Pero me igual resultó beneficiosa porque este tipo quería tomarse el mismo ómnibus que yo, y gracias a que él iba en silla de ruedas el ómnibus nos esperó a que llegáramos y pudiéramos subirnos.
O sea que si no hubiera empujado la silla, habría perdido el ómnibus. Es difícil motivar las buenas acciones desinteresadas si los beneficios son tan oportunos, ¿no?
Demoré un poco en entender que lo que quería era que le empujara la silla porque ya hacía rato que estaba moviéndose, y tenía los brazos cansados. Pero en cuanto entendí le dije que "¿Cómo no?", y lo ayudé durante una cuadra y a cruzar la avenida, hasta la parada de ómnibus a donde él quería llegar.
Obviamente no iba a aceptar su dólar, y me parecía un poco desagradable de mi parte aprovecharme de la situación. Pero me igual resultó beneficiosa porque este tipo quería tomarse el mismo ómnibus que yo, y gracias a que él iba en silla de ruedas el ómnibus nos esperó a que llegáramos y pudiéramos subirnos.
O sea que si no hubiera empujado la silla, habría perdido el ómnibus. Es difícil motivar las buenas acciones desinteresadas si los beneficios son tan oportunos, ¿no?
lunes, 3 de marzo de 2008
Sábado en el parque de la cereza y el lago Calhoun
Los sábados son el día más lindo de la semana. El tránsito abandona la locura del viernes de tarde, el sol brilla más y se respira tranquilidad. Y eso es así acá y allá. Me gustan los sábados.
El sábado pasado Alejandro nos vino a buscar y fuimos a su casa. De allí fuimos al Parque de Esculturas de Minneapolis, almorzamos en un restaurante tailandés y después fuimos al lago Calhoun. Terminamos la tarde en el supermercado Target, pero de eso no tenemos fotos.
La cámara que tenemos tiene un modo de disparo "nieve", que viene bastante bien ahora. Sin embargo no todas las fotos en la nieve están en ese modo, hay otras en modo automático. Las mejores son en modo nieve, las azuladas son en automático.

En la parte de atrás de la casa donde viven los Ribeiro, hay un gran espacio abierto.

En el que ahora hay nieve, abundante. También hay árboles. En esta foto, Miranda está subida a uno de los árboles.

Estas fotos son en el modo de disparo automático.


Después fuimos al Minneapolis Sculptures Park, donde hay una escultura enorme con forma de cuchara y una cereza, que aparecen en la mitad más una de las tarjetas turísticas de Minneapolis. Yo ni idea. Está en el medio de un laguito, pero ahora está congelado.

Como todo, bah.

Simpática la cereza, eh?

Preparándose para una foto. Lo más difícil es mantener los ojos abiertos a pesar del resplandor (que es brutal).

Ale, Fefo, y un chiste interno.

Es obvio que es un chiste interno. ¿Qué van a estar haciendo semejantes gandules con una jirafa de peluche?


Miranda y (la) jirafa.

Padrino y ahijada. Sugiriendo una idea...

Y llevándola a cabo.

No sólo hacía frío. También había viento. ¡Pero qué lindo día!
El sábado pasado Alejandro nos vino a buscar y fuimos a su casa. De allí fuimos al Parque de Esculturas de Minneapolis, almorzamos en un restaurante tailandés y después fuimos al lago Calhoun. Terminamos la tarde en el supermercado Target, pero de eso no tenemos fotos.
La cámara que tenemos tiene un modo de disparo "nieve", que viene bastante bien ahora. Sin embargo no todas las fotos en la nieve están en ese modo, hay otras en modo automático. Las mejores son en modo nieve, las azuladas son en automático.

En la parte de atrás de la casa donde viven los Ribeiro, hay un gran espacio abierto.

En el que ahora hay nieve, abundante. También hay árboles. En esta foto, Miranda está subida a uno de los árboles.

Estas fotos son en el modo de disparo automático.


Después fuimos al Minneapolis Sculptures Park, donde hay una escultura enorme con forma de cuchara y una cereza, que aparecen en la mitad más una de las tarjetas turísticas de Minneapolis. Yo ni idea. Está en el medio de un laguito, pero ahora está congelado.

Como todo, bah.

Simpática la cereza, eh?

Preparándose para una foto. Lo más difícil es mantener los ojos abiertos a pesar del resplandor (que es brutal).

Ale, Fefo, y un chiste interno.

Es obvio que es un chiste interno. ¿Qué van a estar haciendo semejantes gandules con una jirafa de peluche?


Miranda y (la) jirafa.

Padrino y ahijada. Sugiriendo una idea...

Y llevándola a cabo.

No sólo hacía frío. También había viento. ¡Pero qué lindo día!
Almuerzo
Fuimos a almorzar a un restaurante tailandés que Federico y yo ya conocíamos. La vez pasada unté una puntita del pan en una salsita naranja y casi me muero de lo picante que era. Esta vez pedí un arroz agridulce con ananá, pasas de uva y nueces, y también era picante como el demonio. Suficiente comida tailandesa para mí por ahora...
En la sobremesa, Miranda pidió la cámara y sacó unas cuantas fotos.


Guille con cara de bueno.


Nosotros con cara de buenos.

Yo creo que Miranda tiene buena mano para sacar fotos. ¿No les parece?
En la sobremesa, Miranda pidió la cámara y sacó unas cuantas fotos.


Guille con cara de bueno.


Nosotros con cara de buenos.

Yo creo que Miranda tiene buena mano para sacar fotos. ¿No les parece?
En el lago Calhoun
Después de almorzar fuimos de paseo al Lago Calhoun, un lago enorme en una zona "bien" de la ciudad.

El lago estaba congelado.



Sospecho que los Ribeiro ya lo sabían antes de llevarnos allí.

Hay juegos para niños, que por lo visto sirven en invierno tan bien como en verano.



Es una experiencia curiosa caminar sobre un lago congelado. Un poco surrealista tal vez...

El lago estaba congelado.



Sospecho que los Ribeiro ya lo sabían antes de llevarnos allí.

Hay juegos para niños, que por lo visto sirven en invierno tan bien como en verano.



Es una experiencia curiosa caminar sobre un lago congelado. Un poco surrealista tal vez...
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