Shop es la mejor palabra que se me ocurre para describir a Bella Lana, un pequeño local a unas cuadras de mi casa. Desde enero he tomado varios de los cursos que ofrecen, y a continuación paso a describir.
El primer curso que tomé, en enero, fue el de principiantes. Yo ya tenía algunas nociones pero fue evidente que tenía mucho información básica por conocer. Aprendí dos formas diferentes de poner los puntos en la aguja, repasé los dos puntos básicos de tejido y dos formas diferentes de rematar. Lo más interesante del curso fue aprender a leer las etiquetas de las lanas y probar agujas de diferentes materiales. Me gustaron mucho las de bambú, pero también probé de acero, aluminio, madera y plástico.
En ese primer curso tejí una bufanda en lana Ella Rae Classic (de Rumania) en dos tonos de verde, y para la terminación usé crochet (ya había empezado el segundo curso). Usé agujas de bambú número 7, de 4.5 mm de diámetro. Los botones fueron idea de Federico, y el ancho de la bufanda es el largo de su cuello. Cuando Federico usa la bufanda, la enrolla alrededor de su cuello pasa los dos botones por los dos ojales (a mí me parece que queda como una cataplasma, pero para él es muy cómodo); cuando yo la uso prefiero combinar ojales y botones con los del abrigo, así no me apreta tanto.
El segundo curso, el de crochet, fue realmente difícil. Las otras alumnas de la clase volaban y yo apenas podía, en lucha encarnizada, hacer un punto después de otro. En cierto modo tiene sentido, nunca me fascinó el encaje a crochet y el despliegue ornamental por lo general me parece inmundo, así que tiene sentido que no pueda hacerlo y no me desvele. Pero fue casi una revelación descubrir la trama cerrada y resistente de los tejidos de crochet, y la versatilidad de la técnica. La instructora usó lana, hilo, perlas, alambre y varios otros elementos y me deslumbró.
En esta clase hice una bolsita con lana Cascade (de Perú) y usé una aguja de aluminio número 6, G, de 4.25 mm. Después hice otra similar en acrílico. Primero se hace una cadena y después se teje crochet simple en círculos, hasta que se decide que está bien o se termina la lana.
También aprendí a coser piezas usando crochet, lo que junto a la terminación, fue lo que me pareció más práctico.
El proyecto más ambicioso en el que me embarqué fue tejer un buzo. También me anoté en un curso, lo cual fue una buena idea teniendo en cuenta todas las dificultades que fueron surgiendo y toda la ayuda que precisé. El buzo lo tejí en Ella Rae violeta, y usé agujas número 8 para hacer los puños y número 7 para el cuerpo. El cuello lo tejí con una aguja redonda número 7. Uní la parte de adelante y atrás usando tres agujas en los hombros y crochet en los costados. Las mangas las tejí empezando por los puños, y las uní usando tres agujas en la última carrera y crochet en el resto. El cuello fue lo último que hice: con el buzo armado levanté los puntos de la base y tejí un puño idéntico al de las mangas y el cuerpo (misma combinación de puntos hacia arriba y hacia abajo en la carrera).
Me costó una enormidad tejer el buzo y no quedé del todo conforme. De hecho, el modelo estaba bueno pero no me gustaban los hombros, así que la instructora tomó un molde de otro buzo (donde sí me gustaban) y alteró mi molde, creando un híbrido.
Todavía no lo estrené. Pensaba terminarlo antes de mi cumpleaños, pero no pudo ser.
Decidí lanzarme a la aventura y hacer yo sola una prenda siguiendo instrucciones de un libro. Fui a la biblioteca y saqué miles de libros (bueno, muchos pero quizás no tanto).
Entre estos decidí hacer una bufanda de crochet. No hiper difícil, pero con un poco de jeitinho. Estoy usando lana Jamieson's Shetland Spindrift y una aguja de crochet de bambú de 2.75 mm.
Mientras llevo a cabo mi experimento de tejedora independiente, también estoy aprendiendo una forma de tejer que jamás ví a nadie usar en Uruguay (me pregunto si será por distraída o porque nadie la usa): agujas de doble punta. La idea de poder tejer en forma tubular cosas pequeñas, en las que la costura es muy incómoda (gorros, guantes y medias). Con la misma lana que estoy usando para la bufanda, estoy tejiendo un par de mitones, con agujas de bambú número 4, de 3.5 mm. El diseño del tejido es un poco recargado (la idea es usar mucha lana para que sea más resistente al frío), ya probé hacerlo hace tiempo y no es imposible. Difícil, pero no imposible.
Recién empecé el puño del primer mitón y por eso es difícil ver cómo va avanzando. Las agujas me hacen acordar a piezas de Mikado, y se usa una aguja extra para tejer los puntos. Una vez sorteada la sorpresa inicial, es bastante parecido a tejer con dos agujas.
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Tejer es una actividad curiosa. Mucha gente insiste en que es relajante, pero a mí me hace el efecto inverso, como si me diera arranque. Casi autohipnosis, después de tejer un rato se me ordenan las ideas y me energizo para enfrentar las tareas que menos me gustan. No imagino que la actividad sea práctica, ni tampoco económica, pero me asombra las posibilidades de expresividad, y también, la constatación tactil de un resultado físico, palpable, de las horas que pasaron.
Federico insistió mucho tiempo con que quería algo tejido por mí. Ahora que lo tiene (una bufandita entre tantas que tiene), lo usa y afirma que lo pone contento. Las instructoras (y dueñas) de Bella Lana, Cornelia y Karin, dicen que no hay nada como la satisfacción de terminar un buzo y ponérselo. Yo no sé, pero me gusta tejer y pienso seguir haciéndolo. Por ahora hago acopio de material y de ideas. Después, veremos qué pasa.
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