Fue el cumpleaños número 34 de Fefo, y el primero en un día de verano. Pasamos varios días planeando qué y cómo hacer pero no nos decidimos por ninguna de las opciones a priori; finalmente nos decantamos por lo más simple, o sea, pasarlo bien con amigos.
Las primeras 3 horas las pasamos hablando por Skype. Aquella vieja fábula de conversar por teléfono viendole la cara al interlocutor, hoy en día es una verdad más sólida que un ladrillo y bastante más barato que el teléfono. Asombroso, ¿quién lo hubiera dicho?
El almuerzo lo pasamos en familia (Ribeiro). Alejandro obtuvo un puesto de profesor en la Universidad de Pennsilvania, y se van en un par de semanas a vivir a Filadelfia, por lo que esto también tuvo gusto a despedida. Fuimos a comer a un restaurante chino elección de Alejandro, y los platos que pedimos los compartimos entre todos.

Conversamos los seis y pasamos un muy buen rato. Después paseamos tratando de bajar la comida (exitosamente), y la completamos comiendo unos helados riquísimos.
A la caída de la tarde nos reunimos con los uruguayos de la vuelta: Ana y Juan, Gonzalo, Pati y Nacho (con Joaquín), Adriana y Diego, y Alejandro. Después de una siesta en casa para digerir el round de la heladería, fuimos caminando a una cervecería que ya conocemos bien, Town Hall Brewery. Inconcebible en invierno, los 2 kilómetros hasta el pub son un paseo muy agradable en verano, porque la mitad del trayecto es paralelo a este puente, que están construyendo a toda velocidad.

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