miércoles, 6 de mayo de 2009

En la ciudad de los símbolos

Fuimos a Washington, D.C., ciudad capital de este gran país. Fuimos de turistas, visitantes irresponsables sin ningún cometido específico ni agenda de obligaciones. Visitar lo obvio, tranquilos, y lo que quedara afuera... en otra oportunidad será.


Caminamos por el mall, el paseo entre el Capitolio y el monumento a Lincoln. En la mitad está el monumento a Washington, y desde allí se ve la Casa Blanca. En una de las veredas, en Constitution y la 18 encontramos la estatua de nuestro querido prócer.


Casi como decir 18 y Constituyentes, ¿no?

En las veredas de los lados hay museos, los Smithsonians: de arte, historia natural, aire y el espacio, indígena y no sé si me olvido de alguno más. Estos museos son todos de entrada libre. Más allá del Capitolio está la Biblioteca del Congreso; entre el monumento a Washington (con forma de obelisco) y el de Lincoln hay un espejo de agua celebrísimo, que recuerdo particularmente de la película Forrest Gump pero quizás ustedes recuerden de otra ocasión.

Antes de llegar al Lincoln Memorial, a la derecha está el memorial de la guerra de Vietnam, y a la izquierda el de la guerra de Korea. Nosotros hicimos el tour en sentido horario, y volvimos por la ribera del río Potomac, donde vimos el monumento a Roosevelt, el de la Segunda Guerra Mundial, pasamos por uno de los lados del Capitolio y entramos a la Biblioteca del Congreso.

La visita me dio mucho para reflexionar. En primer lugar, no diría exactamente que Washington es una ciudad limpia, linda o grande. Premeditada, sí. Todo parece tener su propio lugar simbólico, su orden, su razón de ser en una sola forma de ver el mundo. Rehén de sus propias reglas anacrónicas, también. El transporte público es restringido por motivos de seguridad (no, no hay una estación de metro abajo de la Casa Blanca), por lo tanto el tránsito vehicular es demencial; ningún edificio puede estar más alto que el obelisco y por eso está extendida en una metrópolis gigantesca. Se supone que todo queda cerca, pero caminando (la única forma posible) todo queda lejos. En el centro de la ciudad todos los edificios son gubernamentales o empresariales, y si bien eso tiene obvio sentido, nunca había estado en un lugar tan grande sin viviendas, sin gente paseando el perro, sin supermercados ni boliche de la esquina. En una palabra, el centro de la ciudad es inhumano.

Pero por otro lado, la suma de la Biblioteca y el Congreso, los memoriales y los museos me parecieron la perfecta representación de la mente, cuerpo y alma de la nación estadounidense. Por un momento lamenté no ser norteamericana para transformar esa grandiosidad abrumadora en orgullo patriótico.

El monumento a George Washington es el epicentro del Universo.


El Lincoln memorial es faraónico, realmente.


Eso de grandeza, no es en sentido figurado. Gente poco sutil.

Fotos, aquí http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/PaseoMatinalEnElMallWashingtonDC#

http://picasaweb.google.com/lecumberrydemasi/LincolnMemorialWashingtonDC#