lunes, 4 de mayo de 2009

Hello = Hola, y otras traducciones

Hablar y entender otro idioma es complicado, pero aquí hay una dificultad agregada, y es que las unidades de medida son todas diferentes. Y no estoy pensando que un dólar son 24 pesos.

Por ejemplo las unidades antropométricas: el peso se mide en libras, la altura en pies y pulgadas, los números de calzado son diferentes para hombres y mujeres, y para niños y adultos, y las tallas de ropa empiezan en cero o van de XXS a XXXL (extra pequeño a extra grande). O sea que peso más de 100, el número de mi talle y altura son similares, calzo casi el mismo número que Fefo. Desconcierto total.

El mundo exterior no es más amigable. Los líquidos (bebidas, combustibles, perfumes) se venden en pintas, onzas líquidas o galones, los sólidos en libras u onzas secas. La temperatura se mide en Fahrenheit, y las distancias en millas. O sea que de mañana tomo media pinta de leche chocolatada y como media onza de galletitas, mientras miro por la ventana que afortunadamente hay 60 grados y los vehículos transitan a menos de 30 millas por hora por la University Avenue, como debe ser.

Los sonidos naturales y las expresiones onomatopéyicas también son diferentes. Los gatos dicen mieow y los perros dicen wooorf; cuando una comida es rica se dice yummmy, y cuando es fea se dice yuck. Expresiones relativamente comunes son oops, dung, darn o damn (por lo visto la D es muy expresiva) y las ya conocidas fuck y shit.

En definitiva, estas no son más que adaptaciones o equivalencias, y acostumbrarse no es difícil. Pero a veces los números o proporciones, cuando las razono y las trato de entender, me dan vértigo.

Da vértigo pensar que este país es el tercero en población mundial, y que aquí viven 100 veces la cantidad de personas que viven en Uruguay. Que el producto bruto interno por habitante es más de 4 veces el de un habitante de Uruguay, y que Hillary Clinton obtuvo 15 veces los votos del candidato más votado en la historia de las elecciones uruguayas, y aún así perdió las elecciones de su partido. Y todo es así, de dimensiones faraónicas, porque hasta lo más pequeño y diferente existe gracias a que hay una infraestructura gigantesca, omnipresente, de MacDonad's, Target, Wallgreens y Ford, que sacia las necesidades básicas de estos 304 millones de personas.

La vida aquí es un curioso balance entre individualidad y masividad. Es extraño cómo una masa tan grande de gente en lugar de homogeneizar y aplanar, genera espacio para la individualidad, de tolerancia hacia lo diferente; un espacio para opciones y posibilidades que yo nunca había visto. Lo que en Uruguay es "raro", aquí es "minoritario". Lo que allá me parecía inconcebible, aquí es algo nuevo que aprender. Lo que allá me parecía de dimensiones gigantes, acá resulta risible. Lo caro, lo nuevo, lo lindo, lo valioso, se redefine. Comprar, vender, gastar, tener, son acciones mucho más dinámicas y volátiles: el verdadero sabor de la sociedad de consumo capitalista. Ahh!

Obviamente que por más que haya más tolerancia y opciones, aquí también hay racismo y xenofobia; pero se manifiesta de una forma mucho más sutil de lo que uno está acostumbrado en Uruguay, y lo que pude ver en España. Tan sutil que hasta ahora no me di cuenta de nada.